Demoliendo la república

Oswaldo Álvarez Paz

Oswaldo Álvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com

Escribo estas líneas conmovido por la muerte de dos grandes amigos. Los conocí hace muchos años y puedo dar fe de la rectitud y vocación democrática de ambos. Me refiero a Pedro Penzini Fleury y a Néstor Zavarce. La nación les ha rendido merecido tributo. Para sus familiares y amigos, el brazo estrecho de una solidaridad sin límites. No conocí personalmente a quien hizo de “Popy” todo un símbolo, pero mi abrazo para su gente y su mundo. Todos le debemos algo. Estas pérdidas son duras en tiempos de destrucción de la República. Las últimas actuaciones del señor Chávez son penosas e inaceptables. No son dignas del primer magistrado. Magistrado significa maestro. De lo que dice y de lo que hace se derivan consecuencias con la circunstancia de que un presidente cuando habla ya está haciendo. Este señor anda mal. Al menos sin la sindéresis indispensable para gobernar.

Es ocioso hacer el inventario al detal de los disparates y desaciertos que conducen a la destrucción del país, a la demolición de todo vestigio de decencia, de ética y de respeto por los principios y valores que fundamentan nuestra nacionalidad sirviendo de soporte a la vida en libertad y democracia. Después de casi doce años en el poder queda claro que el tipo no es un demócrata, no cree en la libertad como valor esencial del ser humano ni en las distintas instancias de su aplicación en la vida, la cual pareciera que tampoco valora demasiado. Me refiero a la vida de la gente, por supuesto que la de él la sobrevalora a diario, como lo reflejan las exageradas medidas de seguridad que ya son objeto de burlas en el mundo entero. También queda claro que está enfermo de tiranía, como hemos sostenido muchas veces y que, habiendo liquidado la vigencia de la Constitución y el estado de derecho, se considera con el camino despejado para demoler los obstáculos que considera aún existen para el desarrollo de su proyecto comunista a la cubana. En el fondo está agotado y nervioso. El miedo es mal consejero.

Demoler todo lo que moleste a sus propósitos, apelando a la agresión física e institucional, a la mentira, a la calumnia, al fraude moral y material, es la orden dada a sus seguidores incluida la caricatura de unos mandos electorales militarizados, a gobernadores, alcaldes y a toda la amplia gama de burócratas y mantenidos públicos de todo pelaje. No ha sido suficiente con la destrucción de la ley y el orden, de PDVSA y el negocio petrolero, las industrias básicas de Guayana, el aparato productivo -público y privado-, las fuerzas armadas incluida la Guardia Nacional, las policías estadales y municipales, los servicios básicos especialmente en materia de educación, salud e infraestructura o de encabezar la etapa más tenebrosa de la historia contemporánea donde la vida no vale nada. Ahora hay que arrasar con la firme decencia que señala la resistencia activa de la mayoría de una nación que no se rinde, ni se rendirá. El 26-S está a la vuelta de la esquina.

 
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