Poder del voto

Vladimir Villegas

Tiempos de cambio
Vladimir Villegas

Iniciada formalmente la campaña, es pertinente la reflexión sobre la importancia del voto como instrumento para la expresión de la voluntad popular. No hay otro momento en el cual la democracia se ejerza de manera más concreta que aquel instante en el cual un ciudadano, en secreto con su conciencia, decide a quién apoya. Está cerca el 26 de septiembre. Se aproxima el momento de decidir si votaremos por una Asamblea unicolor, incondicional, acrítica y predestinada a continuar por la grisácea senda que trazó el actual Parlamento, o si sufragamos para que esta instancia de representación popular, hoy disminuida y divorciada de sus facultades constitucionales en materia de control de gestión del Poder Ejecutivo, cumpla sin titubeos el papel que la carta magna le asigna.

El poder del voto aumenta en la medida que se ejerce de manera consciente, y pensando en lo que más conviene a la sociedad. Con ese voto podemos llevar a la Asamblea parlamentarios que esperen una señal de Miraflores para levantar la mano. O diputados que lleguen a defender intereses exclusivamente grupales y mezquinos, muy parecidos a los parlamentarios del pasado, que formalmente integraban una fracción partidista pero que en la práctica eran apenas un engranaje de oscuros intereses. Pero también se puede elegir a parlamentarios comprometidos con el proyecto de país plasmado en la Constitución de 1999, dispuestos a trabajar para defenderlo y hacerlo realidad con leyes que se ajusten a su contenido y a través de la actividad contralora de la gestión pública, hoy ausente. El propio pueblo que respalda al Presidente sería la principal víctima si se repite una correlación de fuerzas que le permita al Gobierno manejar el Parlamento como si se tratara de una casa del PSUV.

Imaginemos que por cinco años más la AN le siga dando la espalda a la investigación de la corrupción, y de problemas tan graves como la inseguridad, o de indignantes casos como el de la pérdida de miles de toneladas de alimentos. Imaginemos que los ministros o altos funcionarios se sientan sobre seguro porque nadie los va a citar al Parlamento para que rindan cuenta de sus metidas de pata o de mano, si fuera el caso. Pero imaginemos la otra cara de la moneda. Una Asamblea multicolor, expresión de la Venezuela de 2010, que no se limita a dos extremos sumergidos en una confrontación interminable e infructífera. Una Asamblea, por ejemplo, en la que un nuevo bloque, expresión de un espacio político que a la larga será mayoría, haga sentir la voz de un pueblo que reclama salidas, diálogo y soluciones a sus problemas.

Derrotar la polarización es, en definitiva, una forma responsable de ejercer el voto.

@ El Nacional

 
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