Regresa el Capitalismo Salvaje

Mineros presentan su Tarjeta Alimentaria en la taquilla de la Company Store.

La Pequeña Política
Espantapájaros

Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”

Escrito para gente inteligente

THE COMPANY STORE

Gua, pues, dirán Uds. Miren a Espantapájaros ahora titulando en inglés. Y, qué, respondo yo, acaso Águila Uno no dijo una vez, Jao ar yu Mister Denyer? Y yo tengo mis cinco soles en la charretera. Pero les voy a decir la verdad, el título me vino a la mente por algo muy serio, porque hoy, creo que por primera vez, escribo como compungido.

Ese título es de una canción de los mineros gringos que escuché hace muchos años, cuando comenzaba a cuidar cosechas, aquí en el descampado. Había un Musiú que se aparecía por aquí de cuando en vez y siempre la venía cantando. Yo nunca la podré olvidar porque era bien agradable y como supe después, además muy triste.

Era un minero quien cantaba, me lo imagino, sucio y empatucado, al salir de la galera, luego de un día sacando carbón, decía con su vozarrón: “Sixteen Ton, and what do you get… another day older, and deeper in debt”. Y luego terminaba diciendo “I owe my sole to the Company Store” ¿Entienden? Se los traduzco por si acaso “Dieciséis toneladas y qué conseguí, más deudas que nunca y un día envejecí.” “Al Abasto de la Compañía hasta el alma le debo”. O sea a Mercal.

Era costumbre en esas minas, y fue esa una en algunos casos de las manifestaciones más duras del Capitalismo Salvaje. Lo cierto es que a los trabajadores no les pagaban en dinero efectivo sino en fichas que sólo las podían cambiar en el Abasto de la Compañía por comida y productos esenciales, desde una alpargata, digo yo, hasta una aspirina, y ésta aprovechaba el monopolio para ponerle los precios bien altos y quitarles lo poco que ganaban. El minero quedaba cada día más y más endeudado.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Mercal?

Pues tiene mucho que ver por lo de la Tarjeta Alimentaria que anunció Águila Uno. De ahí a que no se pueda cambiar sino en Mercal y sólo para comprar alimentos vencidos o de mala calidad, falta sólo un paso. Todo creo que está fríamente calculado.

Calculado para coger titulares y tapar la noticia de la muerte de Brito, y fríamente calculado como fue su muerte misma, algo demasiado cruel, y algo que dice mucho de ti, Águila Uno, de lo que en medio de tu creciente debilidad te has convertido.

Pero te equivocas  de nuevo. Al Pajarraco Franklin no lo van a olvidar con titulares, para ti va a ser más difícil de evadir que los contenedores de comida podrida, porque él fue de esos que mueren por sus principios, que dan la vida por su verdad. Y eso te confundió.

Pero que mal gusto el tuyo, Águila Uno, eso de anunciar la TARJETA DE RACIONAMIENTO ALIMENTARIO, precisamente en el día en que de hambre pero por sus principios Franklin Brito se murió.

La visita de Buenaventura

Ya se imaginarán Uds., mis queridos pajarracos, pájaros y pajaritas que fui yo el que inventó lo de la página tres y no les voy a mentir. Les cuento.

Por aquí llegó Buenaventura, quien como ustedes saben, es un viejo amigo. Llegó preocupado. Cuando venía de regreso, luego de comerse un buen sancocho más allá de San Carlos, escuchó la noticia. Total que no sé porqué pensó en mí,  le metió a fondo la chancleta a su poderoso Ford Fairlane y vino hasta el descampado. “Se murió Brito”, me dijo al llegar, y en el Semanario me están llamando a ver qué se me ocurre, ¿qué se te ocurre a ti, Espantapájaros, a ti que tienes más tiempo que yo para pensar? Fue entonces cuando se me ocurrió decirle, o mejor sugerirle, porque yo a Buenaventura, será mi amigo, pero le tengo mucho respeto, y además reconozco el poder que tiene, “¿por qué no les dices que prefirió morir sin pan, cuando le quitaron sus tierritas y su libertad?”  No era Pan, Tierra y Libertad lo que antes ofrecían, me dijo Buenaventura. A lo mejor la idea me vino por ahí, le respondí.

Claro, ellos en la redacción me imagino que le dieron forma y mira si les quedó bien. Nunca un hombre recibió mejor despedida, todo un mártir, como lo fueron los primeros cristianos, que preferían morir por su fe, pero de seguro que tú, Águila Uno, atolondrado como estás, seguro que pensaste  que Brito era un muerto más. Tamaño pelón, Águila Uno, tamaño pelón.

Te voy a explicar por qué.

Los muertos los pone otro

Tan pronto se fue Buenaventura, me puse a pensar, ya el sol venía cayendo y los pájaros se habían marchado, de manera que no tenía cosechas que cuidar. Pan, Tierra y Libertad, pan, tierra y libertad, pan, tierra y libertad. Claro, me dije, eso decían los urredecos del catire Villalba, y también lo prometía otro de esa época, el pajarraco Marín en Puerto Rico. ¿O será Muñoz Marín? No recuerdo bien, pero es natural y me perdonan. Hoy tengo la mente atiborrada, ya se los dije, será de tanta indignación. Total que esa era la consigna: Pan, Tierra y Libertad. Y me puse a jugar con las palabras como a veces hago para encontrarles su sentido más profundo. ¿De qué vale pan sin tierra y libertad? ¿De qué valen libertad y tierra, sin pan? ¿De qué vale tierra, sin pan y libertad? ¿De qué vale libertad, sino tienes ni tierra ni pan? Cierto, eso debió ser lo que para sus adentros pensó Franklin Brito.

Y luego leí algo que escribió el pajarraco Tarre, un jovencito que me hace llegar todo lo que escribe y mira que escribe bien. Decía, citando una obra que no recuerdo, que aquel que mata, se pone cada día más peligroso -ojo con Águila Uno- porque nunca se coloca en el lugar del que va a matar. Ni tampoco en el lugar de su familia. Simplemente dispara o como en este caso, lo deja morir.

Yo estoy convencido de que Águila Uno no comprendió la dimensión del sacrificio de Brito. Nunca se metió en su pellejo y además si lo hubiera hecho, de seguro no lo comprende. Es lo que me dice mi mente, que como supondrán anoche la puse a volar, volar, volar con aquella consigna de antaño: Pan, Tierra y Libertad.

No fue para no traicionar “la Revolución” que dejó morir a Brito, secuestrado en el Hospital Militar. De eso estoy seguro. Él lo sabe bien, aunque no lo admita. Qué Revolución ni qué ocho cuartos. Revolución demanda ideales, arrojo, heroísmo y de eso ni tú, Águila Uno, ni yo hemos visto nada. No hay revolución en la que los muertos lo ponga otro. Y eso es lo que está pasando aquí.

La ponzoña de la Avispa

Pero la vida humana es sagrada, Águila Uno, y también lo es la dignidad. Y lo que Brito te enseñó, Águila Uno, y ahora estás tratando de borrar con titulares anunciando eso de la Tarjeta de Racionamiento Alimentario, es porque te remuerde la conciencia y te lo diré sin anestesia, porque esta vez te lo mereces. Brito te enseñó que más vale un hombre sencillo que entrega su vida por principios en los que cree, que un poderoso que abraza a quien antes acusó de mafioso para salvar su pellejo. Eso fue lo que Franklin Brito te enseñó, y se te quedó como ponzoña de avispa… clavada donde más te duele.

Pero, Águila Uno, por aquello de que un clavo saca otro clavo. Sigues pensando que con un bozal de pan que, claro, luego irás recortando con tu Tarjeta de Racionamiento, es suficiente, y puedes seguir quitándole a la gente sus tierras, que es decir sus coroticos… y además su libertad.

Cuidado, Águila Uno. Cuidado si ahora que tienes tu Mártir, con tu Capitalismo Salvaje y tu Company Store, te sale también tu Fariñas, y todo porque te encontraste con ese roble que fue Franklin  Brito, y estabas tan ensimismado, buscando a quién echarle la culpa de los alimentos podridos, que nunca lo supiste comprender.  Pero ya verás, te va a costar caro, su ejemplo, el de Franklin, ese no morirá.

 
EspantapájarosNo photo

Un Comentario;

  1. Enrique Rodriguez said:

    Cuantas verdades has dicho, pero la mas demoledora para la imagen de un cobarde y traidor, que se siente todopoderoso, es la de la leccion que Franklin Brito le ha dado: hombre sencillo y humilde pero con moral y principios, por los que dio la vida, en contraste frente al todopoderoso que se arrodillo para salvar el pellejo. Aunque no es la primera vez que lo hace,pues abrio su nefasta pagina en la historia de Venezuela, refugiado en un museo mientras otros morian, y luego aquel miserable y triste ‘por ahora’, y luego las suplicas al cardenal, al q mas tarde vejo e insulto. Brito es el HOMBRE, aquel, la cucaracha o gusano. Brito es el Santos Luzardo que esta pobre Venezuela ha tenido, tiene y tendra

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