TAITA BOVES: La locura del poder

ALFONSO MOLINA

La desbordante sangre que tiñó la emancipación venezolana a principios del siglo XIX no se corresponde con el tono de celebración de los bicentenarios decretados por los países hispanoamericanos. En éstos hay mucho de una mitología heroica cimentada en las figuras de los libertadores, desde una perspectiva épica. Pero la historia menuda registra capítulos más oscuros, episodios cercanos a la barbarie y personajes con características patológicas. Como el caso de José Tomás Boves, el asturiano que llegó a Venezuela a “hacer la América” y muy rápido se unió a las filas independentistas lideradas por los dueños de las tierras y los esclavos. Luego, tras el desencanto con los mantuanos, devino en el caudillo de negros, indígenas, zambos y otros parias de los llanos venezolanos en contra no ya de la Corona española sino de los criollos dueños de las riquezas y la justicia. Al paso de su caballo sus lanceros gritaban “muerte a los blancos”, tal como lo expone Taita Boves, la más reciente película de Luis Alberto Lamata, concebida como una interpretación muy libre de Boves, el urogallo, una de las piezas literarias más importantes, apasionantes y exitosas de Francisco Herrera Luque.

Más que un film histórico —que lo es, no cabe duda— Taita Boves transita caminos distintos a la gesta independentista tradicional. No propone héroes ni grandes gestos patrios. La creación del cineasta —que es también historiador— comparte con la novela del recordado psiquiatra venezolano una aguda y crítica visión sobre la atormentada personalidad del hombre que convirtió el odio y el resentimiento en la mayor fortaleza de su liderazgo. Una especie de ángel vengador que se hizo dueño de Venezuela a la cabeza de un sanguinario ejército de negros, indios y pardos bajo las banderas de Fernando VII. Lo que propone Lamata es la comprensión de un proceso de enajenación personal al amparo de un proceso histórico cambiante y complejo. Un hombre que enloquece a la sombra de su poder omnímodo. Un desquiciado al que todos temen —incluso los oficiales españoles— y cuya vida no tiene destino. Boves está condenado a morir en su ley.

Por eso, Taita Boves se inicia y concluye con su cadáver, visto desde un plano cenital. A su alrededor se reúnen todos aquellos que sabían que el Taita debía morir. Lamata comienza su narración por el final, es decir, por la historia que conocemos desde la escuela. Entre ambos momentos la película narra la transformación del humilde pulpero (muy bien interpretado por el casi desconocido Juvel Vielma) en el fiero comandante que arrasó todo a su paso. Suerte de Atila tropical que no buscaba justicia sino venganza. Boves no enarbolaba proyecto político alguno —como sí lo tenían tanto las fuerzas independentistas como los oficiales de la Corona— sino un proyecto de destrucción a su antojo. No había institucionalidad. La ley era la voluntad del caudillo. La venganza era el método.

En el film, muestra a un Bovescuyo proyecto no era político sino de destrucción basado en el odio y resentimiento.

Con una filmografía de ambiente histórico importante —Jericó, Desnudo con naranja y Miranda regresa— y autor de un drama contemporáneo —El enemigo—, Lamata, como guionista y director, construye un relato que prioriza la dimensión del personaje sobre el curso de la guerra de independencia. No es un film didáctico ni pretende serlo. Por ello más que batallas presenta situaciones de destrucción, momentos de crueldad, episodios de locura. Con todo, Taita Boves guarda una factura de gran producción, donde intervienen la música de Francisco Cabrujas, la fotografía de Alejandro García Wiederman, el montaje de Jonathan Pellicer, la dirección de arte de Ernesto González y un equipo de producción conducido por Luisa de la Ville. En el reparto destacan Juvel Vielma, el más importante, Daniela Alvarado, Luis Abreu, Alberto Alifa, Antonio Delli, Marcos Moreno y Gledys Ibarra.

Lo más importante es que Taita Boves trata sobre un período de nuestra sangrienta historia que posee significaciones más allá de sus fronteras temporales. Hemos sido y aún somos un país donde el personalismo y el caudillismo han devastado nuestras riquezas naturales y sigue anulando nuestras posibilidades de desarrollo. Una triste historia que no podemos obviar.

LA PELICULA

Dirección y guión: Luis Alberto Lamata. Producción: CNAC, PDVSA, La Estancia, Fundación La Villa del Cine y Jericó Films. Directora de producción: Luisa de la Ville. Fotografía: Alejandro García Wiederman. Montaje: Jonathan Pellicer. Música: Francisco Cabrujas. Dirección de arte: Ernesto González. Elenco: Juvel Vielma, Daniela Alvarado, Luis Abreu, Alberto Alifa, Dimas González, Antonio Delli, Marcos Moreno, Gledys Ibarra, Lourdes Valera, Carmen Julia Álvarez, entre muchos otros. Distribución: Cines Unidos.

 
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