EL VENTAJISMO OFICIAL NO SE PUEDE JUSTIFICAR

Leopoldo Puchi

Enfoque

Leopoldo Puchi
elepuchi@gmail.com

Flash ROJO

El ventajismo no se puede justificar porque “en el pasado se hacía lo mismo” o porque los medios de comunicación se hayan colocado del lado de la oposición. Al poner la logística y los recursos de la Presidencia de la República, de ministerios y gobernaciones al servicio de la campaña del PSUV, se está lesionando la credibilidad del sistema electoral, lo que va a perjudicar a fin de cuentas al propio gobierno, si resulta ganador.

Una porción muy importante de los electores del gobierno y de la oposición vota con el pañuelo en la nariz.

No se puede decir que el gobierno no hizo nada en relación a la huelga de hambre de Franklin Brito.  Pero no hizo lo suficiente ni a tiempo. Siempre se podía hacer algo más. Un buen mediador designado hubiera podido arreglar el asunto. Nada perdía el gobierno si reconocía que había cometido errores en relación a las tierras en cuestión. En esto no valen orgullos ni razones de Estado.

Si el PPT obtiene unos seis diputados y una buena votación nacional puede decirse, con bastante seguridad, que está garantizada la ruptura de los dos tercios en la Asamblea. Hay 21 circuitos donde se decide la votación. En unos gana la oposición (Petare 50% a 41%) y en otros el gobierno (Valencia 52% a 43%), así que los diputados del PPT en Lara, Amazonas y Guárico cuentan.

Flash NEGRO

De acuerdo a los estudios de opinión de Keller, Chávez está abajo en las encuestas. Una caída en picada, dice. Lo que no se entiende es por qué la oposición protesta por la decisión del PSUV de convertirlo en símbolo de su campaña. Más allá de lo jurídico, que es un punto importante pero distinto, a la MUD le conviene lo que está haciendo el sector gubernamental, porque es lógico suponer que un símbolo caído resta votos. ¿O no es cierto?

La Oposición ha acertado en la selección de los ítems de la campaña de propaganda. La inseguridad, los contenedores, las cárceles. Ha habido un buen despliegue, una ofensiva sostenida en estos puntos sensibles. Pero en otros temas la propaganda es errada. Éste es el caso de la reacción frente a la “Cédula de Buen Vivir” y la campaña contra la remodelación del bulevar de Sabana Grande. ¿Qué tiene de malo que los sectores populares accedan  a una tarjeta de crédito? ¿En qué perjudica que se refaccione un lugar de esparcimiento?

En el llamado mundo occidental cada día hay más síntomas de racismo e intolerancia. En Arizona se persigue a los latinoamericanos. En España a los “sudacas”. En Suiza se prohíbe la arquitectura musulmana. Miles de soldados continúan en Irak y Afganistán. En Francia se acosa a ciudadanos de la Unión Europea, por ser gitanos, los olvidados del holocausto. Es el antisemitismo del siglo XXI.

DESDE LA SALA SITUACIONAL

¡Abajo pañuelos!

Si alguna expresión refleja con fidelidad el estado de ánimo político en que transcurre el proceso electoral, es la de “votar con el pañuelo en la nariz”. Ella encierra a la vez un compromiso rotundo y un malestar que castiga. Del lado del sector Gobierno y de la oposición.

Compromiso

En efecto, la situación política actual se caracteriza por su endurecimiento. Más que la radicalización de posiciones, la mineralización marca la pauta. En medio de un inclemente cañoneo de campaña, son pocos los votantes que emigran de un lado a otro. Las zanjas de las trincheras congelan las críticas. Las convicciones se reafirman, nadie se escucha. Unos dicen “lo que está en juego no es un diputado más sino el destino de la revolución”. Lo otros responden “lo que está en juego es la democracia y la libertad”.

Malestar

El otro rasgo que nos revela la metáfora del pañuelo es la insatisfacción. Una porción de los electores del Gobierno y de la Oposición acepta, vota,  pero lo hace con poca convicción. Lo hace con el pañuelo en la nariz, es decir, porque no queda más remedio. Unos votan, a favor del Gobierno, aunque tengan dudas sobre el “modelo”, estén indignados por los alimentos “vencidos” o simplemente no les gusten los candidatos. Otros, lo hacen por la oposición,  por más que no se reconozcan en el neoliberalismo, no olviden el fracaso de la Cuarta República o reclamen por candidaturas impuestas.

La nariz

En ambos casos el rol del pañuelo es impedir que el más perspicaz de los cinco sentidos haga su trabajo intuitivo, allá en el sistema límbico, en las regiones cerebrales ancestrales, capaces de guiar al hombre en la penumbra y en medio del estruendo. Sin el pañuelo, se sabría que hay más de dos trincheras, otras opciones y alternativas. Por eso es el arma favorita de la polarización. Por eso se llama a votar con el pañuelo en la nariz.

 
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