LA TRANSMUTACIÓN

La Pequeña Política

Espantapájaros
Avizor.uno@gmail.com

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”

Escrito para gente inteligente

Con mosca y todo

Te cazaron, Águila Uno, y el mismo Cóndor del Caribe mandó a distribuir la foto -porque ningún otro se habría atrevido-. Y esta semana, como para distanciarte aún más, pidió más respeto por el pueblo de Israel, recriminando al Presidente de Irán, y a ti, dándote duro por banda. Les explico con cuidado porque mira que esta semana he estudiado todo lo que viene ocurriendo que es bien complejo, aprovechando que con las lluvias, los pájaros se quedan en sus nidos y tengo poco que cuidar.

El Presidente Iraní, sostiene que el Holocausto nunca ocurrió y tú también, Águila Uno. Ahamdinejad sostiene que hay que barrer de la Tierra al Estado de Israel y tú has compartido esa posición. Tanto que hasta Siria fuiste a dar la otra vez para acusar a Israel de ser unos asesinos. Ahmadinejad mantiene que su país tiene derecho a desarrollar la energía nuclear y tú también. Y ahora el Cóndor recrimina a Ahmadinejad por esas posiciones, y a nadie se le escapa, repito, que el regaño por bandas va dirigido directamente a ti. Guerrero trocado en pacificador… sí, Señor. Ahora comprendo porque sus peores enemigos, los halcones de Washington, consideran al Cóndor el mejor estratega de la postguerra. Y tu creíste que era tu hermano ¿no es así, Águila Uno? Águila no mata mosca, dijiste tú, y es cierto, pero Cóndor come carroña con mosca y todo. ¡Cuidado!

El corazón partido

Te debió dar duro el Cóndor, Águila Uno, cuando te reuniste con él en esa escena cuya secuencia fotográfica recoge Heras, nuestro editorialista, en esta edición. Fotos que hablan por sí solas. A pesar de que le llevaste su bolsita poblada de corazones partidos. Medio cursi, a decir verdad. Igualito que las rosas que le entregaste a la Pajarraca María Angela  en Santa Marta, y el uniforme de atleta tricolor que te pusiste para poner la cómica frente al adusto pajarraco que ahora preside a Colombia. ¿Lo recuerdas, Águila Uno? El día que fuiste, sin decirlo, claro, a pedir perdón y a prometer que en adelante te portarías como muchachito bueno. Claro, no tenías otra opción, roncaste demasiado duro, y te atraparon los colombianos, sabiendo que con la muda, estás y seguirás estando muy débil por mucho tiempo.

¿Que no fue así? Pues fíjense, porque como a mí me mandaron por adelantado las fotos, las pude estudiar bien. Pónganle atención a la foto inicial, y fíjense en los objetos que están sobre el escritorio. La primera, por supuesto, no es la más grande. Es la que aparece abajo y a la izquierda, donde se ve al Cóndor de espaldas y Águila Uno de frente, con sus garritas cruzadas, en actitud defensiva, y con su carita humildona, esperando el veredicto del Cóndor quien pasa revista uno a uno a los puntos que le han reportado.

Luego, mis queridos pajarracos, pájaros y pajaritas, pasen a las demás fotos, en las que aparece el Cóndor imponente, presidiendo y Águila Uno de espaldas, y vuelvan a fijarse en los objetos sobre el escritorio. Obviamente, varios fueron cambiados de posición, como para prepararle al Jefe, así con mayúsculas, la escena para tomar la foto. Allí ya no aparece la bolsa con los corazoncitos partidos, y los gestos del Cóndor son de reclamo.

Como el camarón que recula

Qué vaina contigo, Águila Uno, que no me haces caso, cuando siempre trato de ayudarte. Es cierto que la economía cubana depende de ti, por la millonada de dólares que les regalas en petróleo y por sus gestiones de triangulación de las importaciones, pero piensa, piensa, piensa, Águila Uno, que de tanto brincar y pelear no te alcanza el tiempo para pensar. El Cóndor del Caribe te tiene prensado, súper prensado, porque, claro, de él depende no la economía venezolana, que de todas maneras es una torta, sino tu vida misma. Toda tu seguridad personal y familiar está en manos del G-2, y de los miembros más leales de sus fuerzas mejor entrenadas. Y frente a esos el que resbala pierde.

Se me ocurre que te pasó como al camarón, que al recular cae en la trampa, y eso es lo que has hecho durante once o casi doce años, Águila Uno, dar un paso adelante, como aconsejaba Lenin, y luego recular dos pa’trás, con lo cual siempre terminas reculado o reculando, aunque todavía con tu gañote pretendas asustar.

Yo me di cuenta del detalle de la bolsita yanqui de los corazoncitos partidos, y luego de su desaparición, y creo que al entregar la secuencia de fotos a los medios, y ponerle a la de la bolsita el número 1,  fue para que la gente se diera cuenta de cuál vino primero y cuál después. Raro que nadie más lo advirtió. Aunque no demasiado raro, cuando la mayoría anda saltando de rama en rama y si piensan no se fijan y si se fijan, no se les ocurre pensar.

Pero la fecha de la reunión dice aún más. Fue el 25 de agosto, hace 15  días. O sea, exactamente 30 antes de las votaciones. Claro, ahora se explica el alboroto que armaste, Águila Uno, al regresar de tu furtivo viaje a Cuba. Regresaste a tu lenguaje militar, “vamos a demoler al enemigo”, y metiste en el closet tu mono tricolor, acabando con esa ridiculez de disfrazarte de amplitud, y asumiendo -como debe ser- tu rojo-rojito o sea tu verdadera identidad. ¿O será al revés?

Tu salvaje retorno

Déjate de pendejadas que la estás poniendo, parece decirte el Cóndor en la foto, mientras su secretario toma nota, como para que tú, Águila Uno, no te des cuenta de que a la vez te están filmando con una cámara oculta que se asoma por entre los bigotes de Martí. Claro, esto último es especulación mía. Pero especulación bien fundada, Águila Uno.

Todo el aparataje de inteligencia con que cuenta el Cóndor, fue montado por los rusos durante el gobierno de Niquita Jruschov, cuando el incidente de los cohetes, claro, tú estabas muy niño y qué te vas a acordar, eso fue en el ‘62. Pero si debes recordar cuando en la Embajada gringa en Moscú se descubrió que los rusos habían metido en un Águila tallada en madera, símbolo de la nacionalidad yanqui, un transmisor para enterarse de todo lo que se hablaba en el despacho del Embajador. ¿Qué mejor lugar para esconder el ojo de una cámara que entre los espesos bigotes de Martí?

Yo te voy a adivinar, Águila Uno, lo que probablemente te dijo el Cóndor.

  1. Caíste en la trampa de los colombianos, Hugo, por bocón, y ahora te quedaste sin excusa para suspender las elecciones.
  2. Quítate ese ridículo mono de atleta tricolor, y ponte el color rojo que es el nuestro. Tienes que morir con las botas puestas, y confiar en tus duros para lo que viene. Allí no te valdrán para  nada los ni-nis.
  3. Hay peligro de una guerra nuclear y déjate de zalamerías con los iraníes, porque son capaces de causar una gran tragedia para la Humanidad.

Total que después de haberte comportado en Santa Marta como una dulce ovejita, regresaste transformado nuevamente en Lobo Feroz. Ese fue tu salvaje retorno. Y ahora vas demoler a la Oposición, mandaste a todo el mundo a uniformarse de rojo. Y les quitaste toda la propaganda a los candidatos para ser sólo tú su cara y sólo tú su voz.

Te preciso, Águila Uno, yo no soy de los que cree mucho en la sinceridad del Cóndor, el juega a lo suyo, y no esperes que te apoye cuando termines de caer en el zanjón. Además, como dice la pajarraca Burgos-Debrai, quien conoce al Cóndor más que medio liso, ese no se mueve sin tres o cuatro Ases bajo la manga. Y ¿cuáles pueden ser los otros Ases?

Se me acabó el espacio, la semana próxima regreso. Pero les adelanto a los pajarracos, pajarracas y pajaritas que me siguen, con o sin su corazón partido, que la estrategia del Cóndor va mucho, pero mucho más allá.

 
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