¿Un compromiso histórico?

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com

Déficit de hegemonía. Con esta expresión caracterizamos la coyuntura política en la entrega anterior. Resaltábamos la dificultad presente para construir un nuevo proyecto político compartido por la mayoría de los venezolanos. Para avanzar, definitivamente, se hace  necesario empinarse sobre la inmediatez y proyectar una visión de futuro.

Enrico Berlinguer, secretario general del Partido Comunista Italiano en los años setenta.

Entonces, ¿cómo construir esta nueva hegemonía? ¿Cuál ha de ser su sujeto histórico? ¿Qué discurso será capaz de interpelarlo? ¿Es factible un “compromiso histórico” en la Venezuela actual? Preguntas vitales. Responderlas debería ser motivo de un debate intenso. Discusión abierta, dinámica y sin descalificaciones.

Para  progresar en este terreno es indispensable diseñar una política con vocación hegemónica. Ello implicaría, entre otras cosas, comprender las reglas a través de la cuales las acciones y los objetos en este ámbito adquieren significado. Veamos un caso que puede ilustrar la afirmación anterior.

En la boca de agrupaciones políticas como el PSUV  y Primero Justicia la palabra pueblo evoca significados distintos. En el primer caso, masas desposeídas que deben ser asistidas a través de políticas públicas. En el segundo, sociedad civil; vale decir, sujetos que adquieren identidad a través del ejercicio de sus deberes y derechos ciudadanos. Concepciones éstas que no deben asumirse en términos excluyentes. Antes por el contrario, un nuevo proyecto político con aspiración hegemónica debería articular ambas significaciones, trascender las fronteras discursivas que lo separan del adversario y “ocupar” su espacio discursivo.

El término compromiso histórico (línea política teorizada y realizada por Enrico Berlinguer, secretario general del Partido Comunista Italiano en los años setenta) resume esta política de sesgo hegemónico. La experiencia italiana proporciona enseñanzas e ilustra sobre las dificultades para su implantación. Sin embargo, para poder restituir la estabilidad institucional y política en el país se hace necesario la construcción de espacios que propicien una política de esta naturaleza. No debemos entender el compromiso, únicamente, entre sujetos políticos; implica, igualmente, la construcción de terrenos simbólicos donde pueda fructificar esta obligación histórica.

En el país persiste el fenómeno de la polarización. No tan sólo la electoral sino también la asociada a culturas políticas incompatibles. Por esta razón la nación sufre de un déficit de hegemonía. Es necesario, en consecuencia, formular propuestas que trasciendan estos extremos y suministren contenidos concretos a los discursos abstractos   de democracia, igualdad y justicia.

 
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