Diputados sin padrinos

REPIQUE

Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com

La actual campaña electoral ha puesto en evidencia la ausencia de liderazgos auténticos. En general, tanto por los lados del oficialismo como de la oposición, no hay figuras que tengan brillo propio, mucho menos ideas o propuestas sobresalientes. Ambos sectores se amparan en sus padrinos, los rojo-rojitos en el presidente Hugo Chávez y, en Carabobo,  los amarillo-pollito que conforman el sector mayoritario de la oposición, en el gobernador Salas Feo, los dos gobernantes asumieron la campaña de sus ahijados. Así es bien fácil ser candidato.

Esa es una de las perversiones de la política, pues se pierde el calor de pueblo que debe acompañar a quien aspire a cualquier cargo de representación popular y eso sólo lo proporciona el arraigo que pueda tener el candidato en las comunidades, el conocimiento que tenga de los problemas y aspiraciones de una población y del grado de compromiso que haya concertado con la gente.

En los actuales momentos el visto bueno para ser candidato lo da la persona que detenta el poder. Por ello vemos en las fórmulas del oficialismo y de la oposición nombres desconocidos para los electores, en unos casos y en otros, candidatos que representan el fracaso de un pasado cercano o que no están a la altura de lo que representa un parlamento para el avance del país.

Es una burla al electorado que los padrinos Chávez y Salas Feo inviertan grandes sumas de dinero en publicidad llamando a votar por sus ahijados. Como mandatarios tienen que asumir una posición institucional, estimular la participación ciudadana en este proceso electoral, sin parcialidades, sin ventajismo, sin utilizar los dineros públicos a favor de sus intereses político-partidistas. Se irrespeta al elector cuando se ocultan los atributos, las ideas y propuestas de un candidato que aspira representar a determinado sector, cuando se antepone el rostro y el discurso de un presidente o de un gobernador en un escenario electoral, lo que desplaza a un segundo lugar, quizás al anonimato, a las figuras que deben ser protagonistas de esta contienda como son los candidatos.

En las manos de todos los que vamos a votar el 26 de septiembre está permitir que se imponga ese voto inducido, dirigido, mejor dicho, “ordenado” desde el poder que da ser Presidente de la República o gobernador de estado o darle un vuelco a esta situación, rebelarse ante una polarización que nos quieren imponer, devolverle la esencia popular a la elección de los diputados al parlamento nacional.

Aunque el despliegue publicitario cree la falsa ilusión que oficialistas y opositores se dividen las preferencias electorales, la realidad es otra, más de la mitad de la población electoral busca otra opción y esa está en los candidatos que no están apadrinados, que se presentan libremente y expresan sus ideas y proyectos para que el elector tome la decisión más acertada.

Hacia esos candidatos hay que dirigir la mirada, en aras de una nueva Asamblea Nacional, plural, diversa, con la esencia democrática que establece nuestra Carta Magna.

 
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