SE ATREVERÁ LA OPOSICIÓN A GANAR*

Carlos Blanco

¿Qué es ganar?

Ganar no tiene cualquier significado. Ganar no es ganar todo, pero es ganar. ¿Cuáles son los criterios en los cuales el Gobierno y la oposición basan sus expectativas y pronósticos? Para el Gobierno el triunfo tiene escalas: el grandioso sería el de hacerse con la mayoría de votos y al menos 2/3 de la Asamblea Nacional; el desmejorado es ganar la mayoría electoral y más de la mitad de los diputados sin alcanzar la mayoría calificada; el insatisfactorio es obtener más diputados que la oposición, dados los tramposos arreglos del CNE, aunque menos votos que aquélla.

Para la oposición también hay varias escalas de triunfo. El mayor es tener más de 51 % de los diputados y la mayoría electoral. Otro escenario victorioso es tener menos de la mitad de los diputados -¿80?- pero más de 51% de los votos populares. Aun podría reclamarse victoria con una votación que solo se diferenciara de la del Gobierno por unos dos o tres puntos porcentuales aun cuando el número de diputados disminuyera una cierta cantidad: ¿70? De allí para abajo todo sería derrota, a menos que fuese el resultado del abuso, el ventajismo y el fraude existentes y la oposición decidiera denunciarlos y enfrentarlos.

El Gobierno. Es hábito en las campañas exacerbar las virtudes propias y adoptar talantes triunfalistas. Hay políticos que legitiman la mentira como un arma conveniente para las épocas electorales, lo cual, por cierto, es un combustible para las decepciones posteriores.

Es obvio que el Gobierno se siente severamente averiado en el voto popular; sabe que los centros más populosos están ácidamente descontentos y que en condiciones balanceadas perdería hasta la ropa íntima. Ante este panorama ha empleado todo el arsenal a su alcance: aumento masivo de la liquidez, distribución de cariñitos presidenciales aquí y allá, y, sobre todo, Chávez en su abuso cotidiano. Además, está decidido a no tener menos de los 2/3 de la AN. No quiere decir que lo logren, lo que quiere decir es que lo va a buscar con todos los recursos posibles, incluidos el garrote y la zanahoria. De allí que haya adoptado una táctica que le ha dado resultados en otros momentos y que pasa a describirse: el Gobierno trabaja en manejos fraudulentos con miras a cocinar un resultado electoral y simultáneamente dice que la oposición va a denunciar un fraude para desconocer los resultados; el resultado que espera y que varias veces ha dado frutos es que la dirigencia opositora se paraliza porque si no denuncia nada, confirma la victoria oficial; y si denuncia, el Gobierno dirá que era esperable esa conducta por parte de los “golpistas” que de todos modos iban a denunciar fraude. Dicho de otro modo: el Gobierno piensa ganar por las “buenas”, lo cual incluye aterrorizar a los votantes con la idea de que su voto será conocido por los comisarios; o por “las malas” mediante el procedimiento de inflar votaciones, asustar con los militares y los milicianos, y otras emboscadas.

Si el Gobierno gana con los abusos ya aceptados por ambos bandos se anotará la victoria porque han sido condiciones digeridas por la dirección opositora, protestadas con recato sobre la base del falso aserto de que su denuncia asustaría a los electores. Sin embargo, si hay bribonadas más descaradas y actividades fraudulentas el día de las elecciones, la dirección opositora podría enfrentarse si quiere y decide ponerle freno al desmadre rojo.

La Oposición. Los dirigentes de la MUD han dicho reiteradamente que la oposición va a ganar; es de presumir que en esta cuenta están todos los sectores que se enfrentan a Chávez, incluidos el PPT y otros cismas. Se sabe que los escenarios que los dirigentes consideran probables y por lo cual han cantado victoria golosamente son tres. El gozoso, que consistiría en sacar la mayoría de los votos y la mayoría de los diputados; el satisfactorio, que sería obtener la mayoría electoral pero dado el diseño de las circunscripciones, no la mayoría de los diputados; el práctico consistente en sacar un número equivalente de votos al del Gobierno, con una cantidad de diputados de 70 o más.

Todos los anteriores tienen gancho como para ser reclamados como victorias aunque, salvo uno, no son arrasadores dadas las condiciones desventajosas y abiertamente tramposas en las que se realiza el proceso.

Sin embargo, un escenario en el cual el resultado para los adversarios del Gobierno fuese la carencia de la mayoría electoral y una magra representación de unos 40 diputados, sería sin duda una derrota comoquiera que se la mire; y carecería de credibilidad presentarla como un éxito. Si ese resultado fuese el obtenido en las condiciones de participación que la oposición ha aceptado, sería una irrefutable derrota respecto a lo que ha ofrecido, pues es en esas condiciones que ha dicho que se va a ganar. En tal caso la MUD posiblemente perezca del mismo mal que la Coordinadora Democrática en 2004.

Sólo podría no ser una derrota ese escenario negativo si los dirigentes deciden enfrentar el fraude que lo habría ocasionado, lo denuncian como tal y lo enfrentan con vigor. Para clarificar el asunto de una vez, la no aceptación no significa lanzar una insurrección popular, sino abrir una etapa política en la cual para la dirigencia el régimen habría perdido toda legitimidad democrática por sus prácticas fraudulentas; así, el CNE no podría ser un árbitro en el cual se confiara ni siquiera la elección de una junta de condominio.

Momentos Decisivos. El descontento está desparramado en todo el país y una parte fundamental de este podría convertirse en votos. La campaña opositora tiene limitaciones, entre las cuales la de recursos no es la menor, pero podría dar un empujón con otra estrategia más asertiva. El Gobierno está decidido a no perder, pero si la oposición estuviera decidida a ganar podría transformar el descontento en votos. ¿Podrá? ¿Es posible o ya es muy tarde? ¿Se atreverá el Gobierno a ir más allá de donde ha ido para garantizarse la victoria aun a cachiporra limpia?

No hay que descuidar que el terror cunde en las filas oficiales. A lo que se ha unido que Fidel le sacó el taburete al “hermano” Ahmadinejad, y obligó a Chávez a hablar con los representantes de la comunidad judía; Castro, a pesar de su aclaratoria posterior, también dejó colgada de la brocha a la corte internacional de papanatas babeados por el “modelo cubano” y si lo apuran mucho desautoriza a su discípulo venezolano a quien considera “generoso” (¡vaya que lo es con él!), pero no revolucionario. Los cambios de Castro le han desordenado la brújula a Chávez y lo han dejado a la intemperie, y en el plano doméstico las cosas no pueden ir peor. En estas condiciones, ¿se atreverá la oposición de verdad a ganar?

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@ELUNIVERSAL

* TÍTULO ORIGINAL: “PARA EL GOBIERNO, TRIUNFO TIENE ESCALAS… PARA LA OPOSICIÓN TAMBIÉN”

 
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