¿ADIÓS, ESTATISMO, ADIÓS?

Tulio Hernández

Tulio Hernández
hernandezmontenegro@cantv.net

E l 13 de marzo de 1968, en un discurso que se volverá célebre, Fidel Castro decidió exterminar lo que quedaba de sector privado. “Los propietarios de empresas son contrarrevolucionarios, suprimirlos es un paso adelante en el camino del comunismo puro, cuyo objetivo final es la desaparición del dinero”, sentenció sin titubeos en la Universidad de La Habana.

Aun con la ceguera ideológica, la pobreza de Cuba es visible, palpable.

Sin embargo, el dinero en la Cuba comunista nunca desapareció. El bienestar prometido tampoco llegó. Y en la práctica, por aquello del rebusque, la figura del emprendedor privado ­cambiadores de dinero negro, vendedores clandestinos de habanos, jineteras de eros prometedores, taxistas camuflados de aceres, cocineros silvestres de langostas­ nunca salió definitivamente de sus calles.

Ahora parece que su condición va a cambiar. Que, a partir de octubre, ya no serán ilegales porque 42 años después Fidel Castro ha anunciado que su modelo económico ya no funciona. La Central de Trabajadores justifica el inminente despido de medio millón de empleados públicos, y el PC cubano, la puesta en marcha de un plan de trasvase de 450.000 de esos desempleados del sector público al sector no estatal.

El proceso, definido por el partido como de “reordenación de la fuerza de trabajo”, espera aumentar en 400% la recaudación fiscal a través de la promoción de la figura del empresario privado que el Estado incentivará (La Vanguardia, 16-09-2010, p.10), con alquiler de locales, cesión de tierras en usufructo, autorización de Pymes, otorgamiento de créditos y la legalización del trabajo por cuenta propia.

Estamos ante un revolcón histórico. Se trata de una de las últimas economías autoproclamadas comunistas del planeta en ceder a las tentaciones o potencialidades de la iniciativa privada como una manera de afrontar la aguda crisis fiscal y que, en caso de que nuestro país cambiara de gobierno, se tornaría más grave aún.

El hecho plantea un enigma a Venezuela. Hay que preguntarse, si hasta los últimos mohicanos de la economía centralizada y estatista, que eran los cubanos, tiran la toalla de los principios ideológicos y se acercan al pragmatismo del beneficio individual ­”reducir costos y estimular el trabajo por cuenta propia”, dice un PC resignado­, ¿por qué el hombre que gobierna a Venezuela se empeña en reproducir aquello que ­en el caso del bloque soviético, primero; de la China, después, y ahora, de Cuba­ sus mismos dirigentes históricos han advertido: que ya no tiene sentido insistir en el modelo de economía estatista porque fracasó y condena a sus pueblos a la “justa distribución de la miseria”? ¿Es un problema de pereza intelectual, ligado a los métodos y paradigmas, probablemente anacrónicos, desde los cuales los científicos, economistas e intelectuales bolivarianos se explican la realidad? ¿O lo es más bien de fanatismo obcecado, mitologías revolucionarias, caprichos y entusiasmos personales no basados en cálculos, prospectivas y mediciones realistas sobre el futuro, sino en una sobrestimación del poder de la renta petrolera? A menos que estemos ante un vulgar engaño, y el socialismo del siglo XXI no sea otra cosa que el viejo truco del capitalismo de Estado, y lo que se está poniendo en marcha no sea una eliminación de la economía de mercado sino la sustitución de un tipo de empresariado independiente por otro que esté sujeto a los designios del grupo en el poder. Lo que explicaría, por ejemplo, que ahora se hable de “casas de bolsa socialistas”, algo tan estrambótico como las “religiones ateas”.

Ya era insostenible para el régimen cubano mantener una economía netamente estatista.

Son temas que una Asamblea Nacional plural tendrá que debatir porque eso de que un hombre, obviamente bien comido, anuncie que para construir el socialismo “si es necesario, comeremos piedra”, es algo que por lo menos debe ser consultado. A todos… No vayamos a terminar como los cubanos: tanto nadar en el mar del colectivismo, para morir en la orilla de la iniciativa individual.

@ EL NACIONAL

 
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