Forcejeo entre tarjetas

Argelia Rios

Argelia Ríos
argelia.rios@gmail.com

La Asamblea que elijamos el 26S será una suerte de “reality show”

Nadie la tendrá fácil en la nueva Asamblea Nacional. Aunque consiga imponerse el próximo 26S, el oficialismo ya no será una hegemonía. Cierto es que se comportará como si lo fuera, pero su elenco no estará solo en el ring. El país estará observando su comportamiento: inevitablemente, comparará el desempeño del bloque bolivariano con el de la alternativa democrática. La oposición tendrá por delante un enorme reto: el teatro parlamentario será la gran vitrina pública para exponer su superioridad. Para mostrar su compromiso con los grandes intereses del país. El 26S se inicia su proceso de “empoderamiento”. Es vital disipar las dudas alrededor del empleo que ella haría del poder. Ganarse la confianza de los ciudadanos -en especial de los segmentos chavistas de la población, que le temen y no le ven como opción- es su desiderátum.

El Poder Legislativo será, por excelencia, el escenario del debate político de los próximos 2 años. El trayecto de 2011 a diciembre de 2012 será tan decisivo como turbulento. Cada candidato opositor debe saber que el país espera una actuación con espíritu de cuerpo, ajena a los personalismos y a las agendas particulares.

Es comprensible que algunos diputados aspiren a emplear su investidura para proyectarse como futuros candidatos a alcaldías y gobernaciones. Pero nadie entendería que tales propósitos degradarán el más importante de sus objetivos: resistir en forma unida la andanada oficialista y estimular, con su comportamiento unívoco, la voluntad de resistencia de los segmentos democráticos de Venezuela y su confianza en que el voto es efectivamente una herramienta útil en esta lucha.

La Asamblea que elijamos el 26S será una suerte de “reality show”, donde los venezolanos observarán el potencial de quienes buscan convertirse en la alternativa a Chávez. Una actuación en la que abunden las luchas entre fracciones que procuran dominarse entre ellas, restaría interés en el cambio y acentuaría la clásica percepción de que esta no es una lucha en beneficio de una “meta superior”, sino una simple procura del “poder por el poder”, donde nadie destaca por estar mejor dotado moralmente.

La disputa que transversaliza la actual campaña electoral -esa que hoy desarrollan los partidos por alcanzar la mejor votación para sus tarjetas- mucho tiene que ver con la forma como cada cual se observa dentro de la AN y el modo cómo se visualiza la escogencia de candidatos a alcaldes y a gobernadores, e incluso el candidato del campo democrático en la justa de 2012. Todo esto es comprensible. Pero nadie debe perder el foco: ojalá estos pequeños forcejeos no deriven en una actuación parlamentaria deslucida, que desmejore las condiciones con que la oposición asistirá a la cita de las presidenciales.

 
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