La revolución verdadera

Ruth Capriles

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com

Vayamos a votar por la pluralidad democrática masivamente

Las rebeliones son insurgencias en contra de un orden establecido y son justificadas cuando ese orden es injusto.

Locke decía: “Cuando los legisladores despojan y destruyen la propiedad de la gente, o cuando la reducen a la obediencia bajo un poder arbitrario, se ponen en estado de guerra contra la gente que entonces queda absuelta de seguir obedeciendo y se abre la alternativa con la cual Dios ha dotado a los hombres contra la fuerza y la violencia”.

Mas las verdaderas revoluciones son además creativas, proponen un cuerpo político en donde la libertad y la participación igualitaria sustituyen el régimen arbitrario. Camus dice que es un no inicial, como límite al atropello, pero luego es un sí, una afirmación del propio valor como ser humano libre y digno.

Por eso, aquellos movimientos sociales que se presentan como revoluciones pero luego se desvían del propósito fundamental: fundar la libertad, regodeándose en regímenes de terror y represión, son revoluciones fracasadas. Para Camus, todas las revoluciones del siglo XX fueron fracasadas y se convirtieron en negación del espíritu revolucionario; negación ante la cual el espíritu del hombre libre debe rebelarse para alcanzar su dignidad humana.

El voto de oposición a un régimen violento y arbitrario es un no que es un sí. Un sí a la pluralidad política; un sí a representantes independientes que puedan expresar las múltiples voces que suenan en esta sociedad diversa y que son suprimidas por una única voz despótica; representantes que quieren legislar de verdad y que gritarán el no en la Asamblea únicamente como límite: ¡Déjenos vivir!, pero que irán más allá con nuevas proposiciones de entendimiento democrático.

Sí, hagamos la verdadera revolución, vayamos a votar por la pluralidad democrática, tan masivamente que este próximo acto comicial signifique el principio de la verdadera revolución venezolana del siglo XXI. Hagamos una ola democrática tan arrolladora que sus grandes números ahoguen las trampas electorales gubernamentales.

 
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