Si el gobierno pierde no sería la primera vez

Leopoldo Puchi

Enfoque
Leopoldo Puchi
elepuchi@gmail.com

Flash ROJO

De que ha habido uno que otro sabotaje en el sistema eléctrico lo ha habido, como en el sur de Aragua. Pero éste no es el verdadero problema. La realidad es que no se ha hecho mantenimiento durante siete años. Hasta los cables que se fabrican en el país se mandan para el exterior y no se renuevan los tendidos aquí. El mismo Joaquín Osorio, de la gerencia de Corpoelec, explica muy bien: circuitos sobrecargados, obsoletos, líneas saturadas, falta de camiones hidráulicos  y se dejó de hacer lo elemental, la pica y poda. Desidia sin responsables.

La suspensión de la operaciones de Conviasa llegó demasiado tarde. Ya se sabía que había problemas.

El Gobierno ha hecho muy bien al replantear las relaciones con la comunidad judía. Le ha dado certezas y confianza. La posición de Venezuela frente a las agresiones del Estado de Israel a la población palestina es correcta. No ha habido nada de antisemitismo. Gaza se ha convertido en un inmenso campo de concentración. Pero expresiones como “Israel maldito” confunden, por la doble valoración semántica de “Israel”.  La lengua es el castigo del cuerpo.

La suspensión de las operaciones de Conviasa es acertada, pero llegó demasiado tarde. Se trata de aviones comerciales pero a veces los usan pilotos de la Fuerza Armada. El propio Wilmar Castro Soteldo, fundador de la línea, reconoce que el trabajo de mantenimiento es disperso, porque se opera con aeronaves de diferentes marcas, lo que genera confusiones, dificulta que se hagan las reparaciones adecuadas, causa desgaste en las tripulaciones y aumentan los márgenes de error. No hay una supervisión adecuada y todas las líneas trabajan con repuestos en límite de vencimiento. Después de ojo sacado no vale Santa Lucía.

Flash NEGRO

En un momento de 1998 las dos figuras que acaparaban la opinión pública eran Irene Sáez y Hugo Chávez. Esto facilitó el crecimiento vertiginoso de este último. El contraste lo favorecía. Se notaba la ausencia de un liderazgo. Ahora está pasando algo parecido. Las dos figuras que resaltan a escala nacional son Hugo Chávez y María Corina Machado. La historia se repite. Esta polarización le conviene a Chávez.

Mario Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner, dos personalidades muy importantes en la derecha internacional, han cantado fraude, desde ya, en las elecciones venezolanas. Montaner habla de manipulación de los votos con fibra óptica desde La Habana. Se dice que preparan el terreno para un desconocimiento, que al parecer puede comenzar en Guarenas y Antímano.

En Washington coexisten funcionarios halcones y palomas. Se meten zancadillas. Unos hablan con Chávez para mejorar relaciones. Otros sabotean, como los que elaboraron la lista sobre la lucha antidroga. La administración estadounidense ha disminuido en seriedad.

Si el Gobierno pierde no sería la primera vez que esto ocurre.  Perdió en el año 2000, en referendo sindical. En 2007, la reforma (4.219.813 Vs. 4.107.564). En 2008, regionales (5.568.741 Vs. 4.778.672).

DESDE LA SALA SITUACIONAL

Pronósticos y balances

Lo común es que el balance electoral se haga después del día de las votaciones. Pero en esta ocasión la evaluación de los resultados se ha comenzado a hacer con días de anterioridad, bajo la excusa de determinar qué significa ganar o perder, como una brújula confundida en busca de coordenadas.

Los dos tercios

Se arman y desarman escenarios. Pronósticos y balances se entrecruzan. Cada bando se ha impuesto su propia meta. Del lado del gobierno, los dos tercios. Del lado de la oposición, la situación es más confusa y baila en diferentes escenarios: obtener más votos y mayoría de curules, menos votos y mayoría de curules, menos votos y menos escaños. Y, además, está la variable de los dos tercios.

“Somos mayoría”

Hay suficientes elementos para adornar una buena contabilidad, quitando aquí y poniendo allá. Es natural que esto sea así, porque los balances no son en blanco y negro. Pero lo que llama la atención es que un nutrido grupo de analistas haya llegado a una sorprendente conclusión: si la oposición gana, ganó, y si pierde también ganó “porque somos mayoría” y si no ganamos “esto es una dictadura”.

Elitismo

Es una manera peculiar de desconocer los resultados, que aunque no implica un inmediato acto de insurgencia puede tener graves consecuencias en la conducta opositora. Por una parte, limita la posibilidad de estudiar las fallas y errores de la campaña, acto indispensable si se quiere avanzar en el futuro. Pero lo más peligroso es que esta actitud lleva implícita una visión elitista, en la que a una porción del país, sea mayoría o minoría, le corresponde ganar y gobernar. Todo resultado distinto sería un acto de usurpación.

Juego trancado

La verdad es que unos resultados negativos deberían de llevar a la oposición a una seria reflexión, una suerte de política de las 3R en la que se revise a fondo el nuevo sistema que se ha creado en el país, las posibilidades de integrarse a él y desde adentro alcanzar la alternabilidad y los cambios necesarios en la gestión publica. Revisión, rectificación y reimpulso, o el juego seguirá trancado.

 
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