TEODORO ¿UN FANÁTICO SINCERO?

Teodoro Petkoff

Orlando Ochoa Terán
o.ochoa@worldnet.att.com

El “fanático sincero” está persuadido de lo que cree, independientemente de que la realidad, la ciencia o la experiencia le demuestre lo contrario.

“El sistema electoral venezolano tiene dos caras. Por un lado, un dispositivo automatizado, eficiente y prácticamente invulnerable a triquiñuelas (salvo las inevitables fallas electrónicas que en algunos pocos casos se producen); por el otro, un organismo rector, el CNE, que no merece la más mínima confianza, dirigido por la banda de los cuatro, arrodillada ante Yo-El-Supremo, y capaz de cerrar los ojos ante el ventajismo electoral más atroz que conozca la historia del país”. Teodoro Petkoff – febrero de 2009.

No miente pero miente

El síndrome del “fanático sincero” fue acuñado por M. Lamar Keene para describir un aparente desorden cognitivo que conduce a un individuo, de otra manera completamente normal, a creer lo increíble más allá de toda razón o sin explicación. Cuando el “fanático sincero” se prenda de una fantasía o de una impostura, mientras más se le demuestra su ausencia de lógica, más se aferra a su creencia.

No miente a conciencia, pues implicaría que sabe que es mentira.

Smartmatic quedó muy mal parada en las recientes elecciones de Filipinas.

El “fanático sincero” está persuadido de lo que cree, independientemente de que la realidad, la ciencia o la experiencia le demuestre lo contrario.

¿Tiene alguna lógica que un organismo que funciona como árbitro electoral, “arrodillado ante el presidente de la República”, que no merece la más mínima confianza a la oposición, dirigido por “la banda de los cuatro”, capaz de cerrar los ojos ante “el ventajismo electoral más atroz que conozca la historia del país”, sea al mismo tiempo capaz de garantizar un sistema electoral invulnerable al fraude? ¿Es Teodoro un “fanático sincero”? Si existe otra explicación más plausible, no la conocemos.

El origen de Smartmatic

¿Quién controla a quién? Smartmatic surgió del sombrero de un siquiatra/prestidigitador, entonces árbitro electoral “independiente”, transformado más tarde en un fanático (sin adjetivos). En virtud de este sortilegio mágico, la empresita con dos cubículos que una vez visitamos en Boca Raton, llamada Smartmatic, devino en una multinacional registrada en Ámsterdam, bajo la sombra de Trust International Management (T.I.M.), una organización que asegura “proteger y preservar los activos de individualidades y compañías en todo el mundo” y “defender el derecho del cliente a la confidencialidad”. Hace unos años T.I.M. fue acusada de ocultar la inmensa e ilícita fortuna del dictador Suharto de Indonesia.

En 2005, Smartmatic firmó contrato con la ciudad de Chicago. El representante demócrata por Illinois, Bobby Rush, exasperado e incrédulo declaró: “No confío en eso. Estamos en Chicago, aquí inventamos el fraude, el escándalo y el robo de votos”.

Acusada de ser controlada por funcionarios del gobierno bolivariano, la Secretaría del Tesoro de EEUU obligó a Smartmatic a vender su subsidiaria, Sequoia Voting Systems y le prohibió operar en su territorio.

Las “inevitables fallas” Las fallas de las máquinas de Smartmatic en las elecciones del pasado 10 de mayo en Filipinas fueron calificadas por la publicación POC de “épicas”. De las investigaciones, entre ellas del Congreso filipino, determinaron que las máquinas no pudieron leer entre 3 y 4 millones de votos nulos. El sistema Ultra Violet (UV) Security Mark Sensor, para determinar si el papel de la boleta que se introducía era genuino, fue desactivado sin explicación.

Smartmatic no creó claves de acceso a las máquinas en la consola de puertos “dejando abierta la posibilidad de un control malicioso o fraude”. 345.000 boletas no fueron leídas correctamente por las máquinas. El título del reporte de la Cámara de Representantes de Filipinas no puede ser más elocuente: The Committee on Suffrage and Electoral Reforms Hearings on the Alleged Fraud and (PCOS) Machine Manipulation in the May 10, 2010 Automated Elections.

Votar es la mejor opción

“Expertos” -señalaba el New York Times del 31 de enero de 2004- “han advertido que el voto electrónico en su forma actual no puede ser confiable. Existe un peligro real que las elecciones sean robadas con un vil código de computadora…”.

¿Qué hacer? Como David Dill, de la Universidad de Stanford, uno de los más prestigiosos tecnólogos de computación de EE UU, sostiene que “no existe la tecnología que pueda revelar todos los virus maliciosos que puede contener un software”, votar sigue siendo la mejor opción. Mientras mayor sean los votos de los candidatos favorecidos por la población, comparados con los que confían en las trampas, mayor será la probabilidad de que aflore el fraude.

Votar, pues ayudará a que la dinámica del sufragio, por vía de la frustración, genere un nuevo estadio de resistencia nutrido de gente y dirigentes que se convencerán que la vía electoral no es la única alternativa constitucional.

 
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