La vanidad de Cristiano y el descaro de Mourinho

Cristiano Ronaldo y José Mourinho

Raúl Fain Binda

Cristiano Ronaldo ha comenzado a preocupar a los hinchas del Real Madrid.

También inquieta a Mourinho, cuya irritación en el banquillo, durante el partido con la Real Sociedad, se debía a la confusión que aquejaba a CR, su mejor jugador.

Hasta la prensa adicta, que todavía tiene atragantada la frustración por el flojo rendimiento de Kaká (atribuible, se supone, a una serie de lesiones), ya está expresando su fastidio ante la evidente agitación del portugués.

De los dos portugueses, dirán algunos, pensando en la desfachatez de Mourinho al utilizar al club blanco para quedar bien con el público de su país.

Vamos, que a él le gustaría entrenar “gratis” a la selección por dos partidos, si no fuera por la avidez del club, que le exige dedicación exclusiva.

Pero el descaro de Mourinho ya no sorprende a nadie, mientras que la inmadurez emocional de CR sigue siendo una novedad en España.

Que quede claro que el portugués nos parece un jugadorazo, un fuera de serie en varios aspectos del juego, capaz de desequilibrar en cualquier momento.

Su problema es que se desespera cuando las cosas no salen como él quiere, que no es necesariamente como quiere y necesita su equipo.

Guillem Balagué, del diario As, cuyos comentarios seguimos en la TV británica, admirador del portugués (le escuchamos hace unos meses decir que era mejor que Messi), perdió la paciencia después del partido con la Real:

“¿Cómo hemos llegado a que Ronaldo sea un problema?”, escribió. “Se siente incómodo en la banda derecha y, acostumbrado y necesitado de participar constantemente, busca el balón en lugar de esperar a que le encuentre. Hace todo el rato su propia jugada, olvidándose de las instrucciones de Mourinho y de los compañeros que se desmarcan. No presiona (no se le recuerda una recuperación esta temporada) y alrededor suyo se destensa el equipo. Y si se equivoca en su elección durante la jugada, gesticula para que la culpa sea de otro.”

Crack o divo

El diagnóstico es severo. Balagué está diciendo que CR no es un crack, sino un divo, un vanidoso que sólo piensa en su propio lucimiento.

La observación más filosa es la que cierra el párrafo: “gesticula para que la culpa sea de otro”. Esta es una de las peores formas de cobardía.

Los compañeros nunca olvidan este tipo de traición y terminan por cobrarse la deuda, de una u otra forma.

La fatuidad de Ronaldo, como la de Narciso, es paralizante.

El chico vive para su imagen. Los anuncios publicitarios, que infestan la web (para no hablar de la TV), lo muestran casi siempre en cueros, símbolo de la belleza varonil, con músculos acentuados por el maquillaje y el retoque digital.

Alrededor del CR de los anuncios casi siempre revolotea una hembra despampanante y el guión hace pensar en una cópula inminente.

Pero si el CR de los anuncios fuera como el de la cancha, su ansiedad arruinaría el enlace sexual.

Hace unos días hablamos de la “parálisis por análisis” del deportista y un lector nos hizo ver que había otros obstáculos a la concentración.

La ansiedad del vanidoso es uno de ellos: CR no está pensando en la mecánica de su juego, sino en el brillo de su imagen.

Es casi seguro que el portugués saldrá de esto, porque es un superdotado.

Vanidad como acicate

El otro portugués, el entrenador, es tan vanidoso como CR, pero su inmodestia no es paralizante.

Por el contrario, es un acicate.

Llegó a Madrid con la misión de salvar de la mediocridad a un club que tiene de sí mismo un concepto casi tan elevado como el propio Mourinho.

“Pan comido”, habrá dicho el Special One.

Tan fácil le parece, que alentó la disparatada ocurrencia del presidente de la Federación Portuguesa de convocarlo para dirigir en forma interina a la selección, ante Dinamarca e Islandia.

El portugués tiró de los hilos con su habitual soltura, fortaleciendo su imagen de patriota, además de genio, pero se pasó de listo.

Cuando la situación llegó al momento del desenlace, una declaración suya, mal interpretada (así dijo él) por una periodista portuguesa, precipitó una serie de aclaraciones, que el propio Mourinho completó posteriormente.

Nadie como él para saber que el interinato era inviable: creyó que podría arreglarse para que la audacia corriera por cuenta del presidente de la FP y la impopular (en Portugal) negativa fuera cargada a la cuenta del club español.

Ahora, en Madrid han tomado nota de que el nuevo entrenador mide dos o tres puntos más que la chaqueta del uniforme provisto.

Este tipo de grandeza, en el Real Madrid, sólo es permitida en la persona de Ozymandias, rey de reyes, más conocido como Ramsés II, o Florentino el Grande en su encarnación española.

 
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