APLASTANTE VICTORIA CON SÓLO EL 48%*

Francisco Toro
La política venezolana muchas veces no se entiende y la noche del pasado domingo no fue la excepción.  Un sistema electoral, taxativamente sujeto a una Constitución que obliga a una representación proporcional en los cuerpos legislativos, le otorgó al Partido del Presidente Chávez (el PSUV), 95 escaños (un 60% de la Asamblea) con sólo 48% de los votos. La alianza opositora, en cambio, con una votación similar (47%) obtuvo solo 63 escaños. Una fracción disidente de izquierda, obtuvo 2 escaños, mientras quedaban 5 curules por ser adjudicadas.

Aun cuando la Oposición logró impedir que el gobierno lograra la mayoría calificada de los 2/3 a que aspiraba, lo cierto es que el gobierno estuvo cerca de obtenerlo con una votación 50-50.  El milagro se produjo, apelando a reglamentaciones amañadas que ponen en evidencia cuán fácil es para el gobierno torcer el brazo para lograr sus propósitos electorales.
Sabemos que las elecciones democráticas no son siempre proporcionales.  Es conocido el sistema utilizado por EE.UU: y varias democracias occidentales para favorecer a aquel individuo que logra la mayoría, dejando fuera a aquel o aquellos que lo sigan. Esto puede parecer injusto, pero en esos países no es inconstitucional. La Constitución de EE.UU., por ejemplo, no establece la representación proporcional.
Lo que llama la atención en el caso venezolano es el hecho de que la Constitución explícitamente lo establece para elecciones legislativas, y la normativa fue consagrada en la Constitución de 1999, promovida por el propio Presidente Chávez.

De hecho, el sistema electoral venezolano incluye un sistema complicado de salvaguardas para garantizar la representación proporcional. Su elemento más importante es la votación por Lista. En  las elecciones legislativas el elector vota dos veces, nominalmente y por listas estadales. La votación por Lista fue diseñada precisamente para garantizar la proporcionalidad, contrarrestando las diferencias que pudieran surgir de la votación nominal.  
Lo cuestionable, acá, es que el Consejo Nacional Electoral es un poder subsidiario, a la orden del Partido de gobierno y que, apelando al rediseño de los distritos de votación, y agregando legalmente cambios sutiles en la forma de computar la votación por Lista, lograron un sistema en apariencia proporcional cuyo objetivo, sin embargo, es producir todo lo contrario.
Tomemos un ejemplo, el estado Carabobo, el tipo de estado urbano en el cual la Oposición necesitaba lograr un resultado favorable. EL CNE dividió el estado en cinco circunscripciones cuidadosamente diseñadas que eligieron 7 diputados en virtud de que una de esas circunscripciones votaba 3 diputados. Otros 3 diputados serían elegidos por LISTA, completando un total de 10 escaños a ser electos por esa entidad federal.
La noche del domingo, la Oposición le ganó al partido oficial por un margen de casi 11%, 54 a 43%, probablemente la más alta del país, pero nominalmente ganó sólo dos diputados nominales, mientras el partido oficial se adjudicaba los 5 escaños restantes.[ii]
En un sistema proporcional, la Lista habría corregido parcialmente la distorsión, asignándole los tres puestos en la lista a la Oposición, y así el resultado final habría sido de 5 diputados para el gobierno y 5 para la Oposición: Subrayemos que aún así, el gobierno habría obtenido paridad de diputados en un estado en el que había perdido. Pero no fue así. El oficialismo se adjudicó seis diputados.


Esto fue posible porque el Consejo Nacional Electoral había eliminado el vínculo entre el voto nominal y el voto Lista, de manera que el voto Lista ya no actúa de manera independiente, como bisagra compensatoria, sino que por el contrario, le adjudicó al partido oficial, aun ganando una mayoría de los parlamentarios nominales, un escaño adicional. Así las cosas, en el caso de Carabobo, un oficialismo que, como vimos, había perdido la elección 54 a 43%, logró 6 de los 10 diputados.

Este tipo de procedimiento, repetido en los 24 estados del país, llevó a la aplastante Victoria del oficialismo. Aplastante, pese a haber obtenido solo el 48% de los votos.

En una democracia funcional, la Oposición habría podido recurrir al Tribunal Supremo de Justicia y lograr se revocará las decisiones adoptadas por ser flagrantemente violatorias de la Constitución. En la Era de Chávez, sin embargo, así como lo está el Consejo Nacional Electoral, los tribunales están sometidos al arbitrio del partido oficial, de manera que un recurso de esta naturaleza no habría tenido posibilidad alguna de prosperar.
En medio de este panorama tan oscuro, brilla, sin embargo, una luz que permanece inalterada: El chavismo necesita de elecciones para conservar su legitimidad y sabe que sólo en elecciones parlamentarias vale el tipo de manipulación que permitió lograr 60% de los escaños con solo un 48% de los votos.

En una votación más sencilla, como lo será la contienda presidencial de 2012, artificios de esta naturaleza de nada valen, razón por la cual los resultados del pasado domingo, cuando el gobierno de Chávez obtuvo menos del 50% de los votos, serán para sus aspiraciones reeleccionistas una carga muy pesada de llevar.

Fuente: Caracas Chronicles


* Traducción fue realizada por ABC de la semana.

* Hemos actualizado el resultado, en virtud de que en Carabobo un diputado nominal adicional de la Oposición pudo imponerse.

 
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