El voto salvó al voto

Roberto Guisti

Roberto Giusti
rgiusti@eluniveresal.com

Ahora que perdió la mayoría puede dejarse seducir por la tentación de darle un palo a la lámpara

La estrategia de usar la democracia para liquidarla, esgrimida por Chávez a lo largo de los últimos 11 años no sólo dejó de funcionar, sino que este domingo la decisión popular, demostró cómo es posible salvar la democracia a través de uno de sus instrumentos básicos: el voto.

Gracias a una elección en apariencia poco trascendente como la de diputados al Parlatino, pero liberada de la Ley Electoral y sus estratagemas para darle mayoría a la representación de una minoría, se puso de manifiesto la realidad política del país y ésta no es otra sino que Chávez (46%) perdió, ante la MUD y otros partidos de oposición (52%), por 400 mil votos.

Lo demás es maquillaje y ventajismo, elementos que le permitieron al PSUV, que en Miranda sacó 200 mil votos menos que la MUD, obtener el mismo número de diputados. Con todo, el objetivo de hacer prevalecer un sistema fundamentado en una Asamblea controlada desde el Ejecutivo, la preeminencia de un solo pensamiento, de un solo partido, un Estado monolítico y sobre esa construcción el supremo mandatario condenado a convertirse en soberano perpetuo, resulta una quimera y un imposible mientras permanezcan instituciones democráticas como la del voto.

Ese solo atributo republicano se convirtió en el gran obstáculo capaz de frenar una incontenible mancha roja que amenazaba con cubrirlo todo y así se mostraba el mapa político del país, luego de la defección de la oposición en el 2005, cuando un poderoso Chávez ocupaba el escenario y la oposición no tenía, para hacerle contrapeso, sino dos gobernaciones aisladas. Cinco años después la mancha ha retrocedido, el paisaje es multicolor, el poder regional, mal que bien, es compartido y el Legislativo, con nuevos huéspedes y talante contestatario promete, eso sí, enconadas luchas en contra del autoritarismo “democrático” y el totalitarismo en ciernes. Todo eso se logró luego de votaciones en el 2006, 2007, 2008, 2009 y 2010.

Pero lo que viene no será fácil porque si antes Chávez no debía forzar la barra para irse apropiando del país ante una aprobación popular mayoritaria y ferviente, ahora, cuando los suyos se alejan y quienes permanecen con él no ocultan la decepción, sí puede estar dejándose seducir por la tentación de darle un palo a la lámpara. Tiene a su disposición un amplio menú de opciones que le permitirían guardar ciertas formas jurídicas en una nueva intentona de demolición institucional, máxime cuando hasta enero puede utilizar a la moribunda Asamblea con esa finalidad. Claro, también podría recobrar algo de sensatez, comprender que ya su tiempo pasó, retirarse a un conuco con el cual dice soñar a orillas del Arauca, estimular la sucesión y/o dejar en paz al nuevo país que se está abriendo paso a fuerza de votos. Pero eso, sospechamos, es sólo vana ilusión.

 
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