Nueva realidad


Víctor Rodríguez C.
vitoco68@hotmail.com

A pesar de la desconfianza, bien fundada, en el ente electoral y en la organización de un proceso caracterizado por el ventajismo, las elecciones confirmaron la vocación democrática de los venezolanos que buscaron a través del voto construir una Asamblea Nacional independiente, pluralista, representativa de los verdaderos intereses del Estado.

Pero lo más importante que se demostró el domingo es que la revolución de Hugo Chávez no tiene el respaldo que él mismo decía tener. Apenas 30% de los electores (5,2 millones), de los 17,5 millones de votantes, acompaña el disparatado proyecto comunista del siglo XIX que han querido imponer a lo largo de estos años, con la destrucción de las instituciones y del país. Muchos de ellos simples beneficiarios, otros engañados, muy pocos idealistas que pensaban que el proyecto traería bienestar y progreso a los venezolanos. Son minoría y, como decía una vez José Vicente Rangel, deberán ahora acostumbrarse a ello.

La nueva Asamblea Nacional se instalará en enero próximo.

Incomprensiblemente, durante tres meses habrá dos Asambleas, una decadente y dependiente, de salida o moribunda, brazo del Ejecutivo, incapaz de tener iniciativas propias, dedicada a legislar para una minoría de los venezolanos; otra pluralista, que llega por la vía popular, en la que las fuerzas democráticas llegan para trabajar por un proyecto nacional único: Venezuela.

Los asambleístas de salida tienen la responsabilidad política y moral de dar paso a la nueva Asamblea. Cometería un gran error el oficialismo si intenta acorralar a la nueva Asamblea, al adoptar decisiones inconsultas y contrarias a los intereses del pueblo, expresados el domingo. La nueva Asamblea tendrá que revisar y revertir las decisiones inconsultas e inconvenientes.

El proyecto chavista sale desfavorecido de nuevo, a pesar de las declaraciones de victoria de algunos de sus dirigentes. Hugo Chávez, ahora contra la pared, cometió el gravísimo error de convertir la elección parlamentaria en un referéndum.

Su imagen quedó golpeada a pesar de los resultados. El pueblo, harto de incompetencia y arbitrariedades, de corrupción, de promesas y engaños, lo castigó con el voto.

Comienza un período lleno de incertidumbre, difícil. Lamentablemente, es bien sabido, Chávez no es un hombre de diálogo, menos de acuerdos. Lo convencional no está contemplado en su estrategia y forma de ser. Es un atropellador que se tratará de imponer pese a ser minoría. Es el reflejo de su naturaleza militarista de hacer política y de gobernar.

Difícil que Chávez reflexione y permita que el país avance como quieren los venezolanos, en democracia real; pero, deberá considerar las circunstancias y las nuevas realidades. De su actitud dependerá la paz del país, la reconciliación, el avance y la tranquilidad de todos.

Los invitados a las elecciones, marginados oficialmente, dan fe de lo ocurrido y saben que, a pesar del ventajismo y de otras malas mañas revolucionarias, los venezolanos rechazan en su mayoría el proyecto chavista y la forma de gobernar de Chávez, cuyo mandato vencerá, sin prórroga, en 2012.

 
Víctor Rodríguez C.Víctor Rodríguez C.
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