Weekend con Fidel

Entrevista de Goldberg a Fidel hecha en las instalaciones del acuario nacional de La Habana

Jeffrey Goldberg es el primer periodista norteamericano en compartir intimidades con Fidel Castro.

Mary Anastasia O’Grady
O’Grady@wsj.com

En la mayoría de los Acuarios del mundo, los animales están allí como fuente de entretenimiento. Pero en La Habana, eran dos seres humanos los que como focas entrenadas, aplaudían cada vez que Fidel Castro les daba algo de comer.

Me refiero a Jeffrey Goldberg de la revista Atlantic Monthly, quien viajó recientemente a Cuba, atendiendo uno invitación de Castro con su amiga Julia Sweig del Consejo de Relaciones Internacionales. Goldberg ha publicado dos largos reportajes sobre su larga conversación con el dictador para la versión electrónica de le revista de marras. Una parte da detalles del Acuario, en el cual el periodista, acompañado por la Lic. Sweig, en presencia de Fidel, parece haber sentido una emoción que “se les subía por las piernas”.

El reportero “espera publicar un artículo mas completo sobre la materia en una próxima edición impresa de Atlantic. Me adelanto a adivinar que el artículo no irá dirigido a quienes sepan algo de la Cuba de Castro.

Carencias del Régimen

Castro tiene necesidad urgente de ponerle una carita sonriente a su dictadura. La economía cubana está haciendo aguas. Hay escasez de alimentos, la electricidad no es un servicio frecuente, y jabón y papel toilette constituyen artículos de lujo. Cuba no produce casi nada, por lo que se le hace muy difícil hacerse de monedas duras, aceptables para adquirir bienes en los mercados internacionales. Además, las fuentes de financiamiento se le han secado.

En agosto, Castro le habló a la Asamblea cubana en La Habana por primera vez en cuatro años.

Para mantenerse en el poder, el Régimen necesita recursos que permitan pagarle a su policía secreta y proporcionarle arroz a la población. La mejor oportunidad que tiene a la mano es atraer el turismo norteamericano, que se ausentó desde los años ’50, cuando explotaban la isla, de acuerdo al argot revolucionario a esa misma Cuba que ahora los requiere. Castro necesita que se levanten las limitaciones que hoy se imponen a los viajeros, y para lograr su objetivo debe disipar la especie de que es un dictador. Cual es la solución: rehacer su imagen en el Atlantic. En Goldberg, Castro encontró un candidato maravilloso para realizar la tarea.

El primer paso dado por Fidel, fue expresar su indignación ante el anti-semitismo. “No creo que nadie haya sido ofendido o perseguido más que los judíos” proclamo el anciano líder ante sus invitados. Y por cierto, agregó, Ahmadinejad debe dejar a un lado su empeño en desacreditar al pueblo judío. Y cuando Goldberg pregunta si Castro se lo dirá directamente al líder Iraní, Castro responde, “Se lo digo para que Ud. lo haga saber”. Obviamente, Castro deseaba que ese fuera el titular y Goldberg lo complació.

La idea es que los lectores lleguemos a la conclusión de que Cuba ya no es una amenaza para la estabilidad mundial y que Fidel ha dejado de ser un tirano, y es un hombre que se ha reinventado. Pero ¿qué credibilidad puede tener el líder cuya revolución acabó con la pequeña comunidad judía de apenas 15.000 seres que antes existía, y que ha dedicado 50 años a apoyar el terrorismo palestino, sirio, libanes e iraní? Y ¿cómo pretende explicar Castro la realidad de Venezuela, donde son agentes cubanos quienes manejan tantas cosas, Irán es un estrecho aliado, y el antisemitismo ha sido una política de estado en los últimos años? Goldberg no explora esta contradicción.

También es extraño que Goldberg no diga nada del pobre Alan Gross. El Sr. Gross, un contratista judío del gobierno norteamericano, ha estado preso en Cuba desde el mes de diciembre por el delito de distribuir computadoras a un puñado de judíos cubanos que querían mantenerse en contacto con la diáspora. ¿Es esa acaso una manera de expresar amor por el pueblo judío? Esta posibilidad, parece no haberle cruzado por la mente a Goldberg, que estaba siendo utilizado de la misma manera como los comunistas lo aprendieron de Lenin. O quizás el simplemente le complace ser útil.

En un artículo posterior, el periodista explica que en tanto Fidel no es tan malo como el Pol Pot, los cubanos deberían dejar de quejarse.  Y para demostrar aún más lo poco que conoce de la tragedia cubana, señala que la liberación de los presos políticos “está siendo negociada”.  Se equivoca. Algunos han sido exiliados y a otros les ha sido concedida una libertad condicionada que pueden perder en cualquier momento si el Régimen desaprueba de sus actividades.

El Sr. Goldberg intenta hacernos ver que su entrevista es una expresión de periodismo serio. Sin embargo, mientras le despertaba curiosidad “acercarse al gran hombre”, no estaba preparado para el trabajo que debió realizar. Debemos presumir que estaba consciente de sus limitaciones, de allí que se haya hecho acompañar y dejado orientar por la Señora Sweig.

Sin embargo, esa decisión lo condujo al fracaso, porque la Sweig – una figura académica con libre acceso a la isla, donde críticos del Régimen no pueden entrar- es una amiga de confianza del dictador. “Fidel saludo a Julia con expresiones de cariño; se conocen desde hace veinte años”, señala Goldberg.

Cuando Castro declara que el sistema cubano ya no funciona, Goldberg mira a la Sweig, como si de algo sumamente importante se tratara, y ella le explica que Fidel “no está afirmando que las ideas de la Revolución han fracasado”. Pero deja en el aire un hecho importante: La economía estatizada que ha fracasado es una idea central de la revolución.
No sorprende mucho que lo que extraemos de esta entrevista sea tan similar a lo que se le puede sacar a un programa de Barbará Walters, otra cuyo Corazón le dio un saltico al acercarse al déspota cubano. Aquel encuentro tampoco produjo nada de importancia.

TRADUCCION: ABC de la semana

Fuente: Wall Street Journal


 
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