¡Podemos derrotarlo!

Reflexiones de Juan Diego

Jonathan Humpierres (*Juan Diego)

Jonathan Humpierres
juandiegocd@yahoo.com

Hoy, cuando las pasiones motivadoras y conclusivas  se digieren y el cauce emocional encuentra su serena prudencia, encuentro el momento perfecto para exponer mi visión del evento electoral del 26 septiembre.

No puedo iniciar estas líneas sin manifestar mi profunda reconciliación con la maravillosa voluntad popular que sin temor asumió la posibilidad del encuentro con la verdadera democracia. Esa Venezuela viva, que late y se expresa, demostró que tiene las garras para generar posturas y vientos de cambios.

Las lecturas de los resultados pueden dar millones de variables, es lógico que cada bando asuma conclusiones triunfalistas, pero más allá de la reafirmada polarización del resultado, el verdadero triunfo recae en todos los venezolanos que decidimos salir a sufragar.

Es indudable que el ventajismo oficial peca de descaro; la ley electoral, tal cual como fue ordenada por el líder revolucionario, logró en parte su cometido, esas reglas fueron impuestas, y no hubo más remedio que jugar en esas condiciones adversas. Quisiera ir más allá de los números que no requieren mayor explicación; este país tiene tres parcelas precisas y claras: los seguidores del régimen, los opositores y los abstencionistas de oficio. Es también evidente que el comandante rojo, que carece de la más mínima noción de estadista democrático, no reconoce las cifras de la jornada electoral. Cualquier líder demócrata bajo este panorama tiene que encontrar de inmediato un puente de negociación con sus contendores, más de la mitad de los electores dijo una vez más: ¡NO AL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI!

Estas elecciones fueron como un plebiscito; bajo este esquema de polarización la gente se moviliza para expresar si quiere este sistema o no. El Presidente fue una vez más el jefe de campaña de ambos sectores, porque también queda de manifiesto que ese voto opositor es castigo firme a un gobierno que tiene a un país literalmente en pedazos.

A partir de enero tendremos una Asamblea plural, aún en minoría pero con capacidad de regir mayor control sobre las conductas abusivas del jefe de Estado. El trabajo debe iniciarse de inmediato, más allá del importantísimo trabajo parlamentario, hay que fortalecer la unidad, la verdadera integración de la oposición, deben generarse de inmediato espacios abiertos para la  discusión de proyectos convincentes, debemos estar atentos a no caer en los laboratorios de candidaturas, necesitamos fomentar la democracia verdadera en la MUD, sólo de la manifestación popular y no de acuerdos debe salir el rostro para las elecciones presidenciales de 2012.

La oposición, que da señales de aprendizaje aparente, tiene que construir el camino para el diálogo, pero ya no con el comandante soberbio, sordo y ciego, sino con la gente, con el pueblo, inclusive con aquel que es fiel creyente de la revolución, a ellos también hay que convocarlos para hacer país, negarlos es sencillamente tapar el sol con un dedo. El discurso  tiene que llevar la voz de la  amplitud, de la inclusión, de la paz, de la reconciliación, es un reto tocar la fibra íntima de cada ciudadano, es un pacto de unión adulto, que va más allá de las coyunturas, tiene que tener como premisa el respeto al pensamiento individual y sobre todo la sensibilidad social que convoque a los más necesitados.

Venezolanos, todos estamos llamados a la verdadera misión de rescatar la patria, seamos motivadores y constructores de una nueva posibilidad, el camino no será fácil, es un reto complejo, asumamos este triunfo con humildad y disciplina para continuar.

El 26 de septiembre quedó de manifiesto que a este régimen ¡PODEMOS DERROTARLO!

 
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