¿De dónde salieron esos votos?

JESÚS HERAS –

Desde que se introdujo la votación electrónica, no ha habido proceso electoral en el que no hayan surgido sospechas sobre las actuaciones del CNE, el partido oficialista o el Plan República. La desconfianza en el sistema automatizado llegó a su punto máximo en 2005. Los votantes se negaron a concurrir al correrse la especie de que con las capta-huellas el voto secreto había desaparecido.

Esa desconfianza hoy ha sido superada, tanto que en el último proceso más de un 60% de la población concurrió a votar. Y tras la victoria opositora del pasado 26S, y la confianza a que ello induce, se anticipa que a futuro la participación aumentará más y más.

Algunos atribuyen el incremento de la concurrencia al esfuerzo realizado por evitar que ataques generalizados pudieran vulnerar la credibilidad del CNE. No queremos restarle méritos a esa iniciativa, pero es evidente que mucho mayor peso ha ejercido y seguirá ejerciendo, la creciente convicción de que el voto es la única herramienta disponible para preservar, los de un bando, los beneficios que atribuyen a la “revolución” o para evitar, los del bando opuesto, que la “revolución” se lleve consigo todo lo que personal y colectivamente nos pertenece.

De allí la obligación que sentimos de señalar las serias dudas que surgen de lo acontecido el domingo, 26S, cuando con algo menos del 50% de los votos, el oficialismo se apropió de un 60% de las curules al parlamento nacional.

El caso Carabobo es de particular interés por dos razones. La primera, por ser una de las tres entidades federales con las que el poder central se ensañó restándole de entrada dos diputados seguros. La segunda, porque pese al sesgo introducido por el CNE, tenemos suficientes elementos de convicción para afirmar que la Unidad Democrática ganó la Circunscripción 5, y con ello, tres diputados adicionales.

La manipulación de los votos en Carabobo se hizo evidente al analizar las cifras del propio CNE. Mientras los electores que sufragaron por la fórmula de la MUD, votaron – como es lógico- más por el Voto Lista que por el candidato nominal (0,5%); los electores de la fórmula oficialista hicieron todo lo contrario -y de qué manera- en favor de los candidatos nominales. Tanto, que la votación nominal oficialista se incrementó sensiblemente por sobre el Voto Lista en todo el estado y, en la Circunscripción 5 que elegía 3 diputados, el  incremento del voto uninominal fue del 4,7%, cifra que por sí sola le daría la victoria.

Es ciertamente inexplicable que un número mayor de personas voten por candidatos virtualmente desconocidos que por la tarjeta del PSUV, cuya imagen es el propio Presidente.  No hay explicación posible.

¿De dónde entonces salieron esos votos?

 
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