Casco alevoso

ALBERSIDADES

Peter K. Albers

Peter Albers
peterkalbers@yahoo.com

Si hay algo que a los colaboradores de los diarios nos fastidia es el límite de palabras o caracteres que nos imponen. En realidad, eso es al principio, pues luego lo encuentra uno beneficioso. W. Somerset Maugham (1874 – 1965) autor de novelas famosas como “El Filo de la Navaja” y cuentos para revistas como “Cosmopolitan”, lo explicó mejor:

“Continué escribiendo hasta que mi natural verbosidad sacó lo mejor de mí, y me encontré con que ya no podía seguir ajustando mis cuentos a los límites que me imponían. Entonces tuve que dejarlo. Pienso que aprendí mucho dentro de esas limitaciones, y me alegra haberlo hecho. Mi dificultad estaba en comprimir lo que tenía que decir dentro de un número de palabras que no podía ser excedido, y a la vez dejar al lector con la impresión de que había dicho todo lo que tenía que decir. Esto fue lo que hizo la aventura divertida. Era saludable. No podía darme el lujo de desperdiciar una palabra. Tenía que ser sucinto. Quedé sorprendido al encontrar cuántos adverbios y adjetivos puede uno omitir sin dañar el relato o el estilo. Con frecuencia escribe uno palabras superfluas, pero que dan equilibrio a la frase. Fue una buena práctica intentar construir una oración sin el uso de palabras innecesarias para su sentido.”

Carlos Emiro Méndez.

Por supuesto, eso de limitarse en la extensión y “dejar al lector con la impresión de que uno ha dicho todo lo que tenía que decir” es fácil para un escritor de esa talla, mas no para un arquitecto que incursiona en esto de escribir artículos de opinión.

Claro que eso depende de la complejidad del tema, y uno muy complejo es en verdad éste al cual estoy desde hace rato dándole vueltas sin saber por dónde entrarle. Porque no es cosa fácil en este país ponerse uno a criticar las acciones de un miembro del ejército “bolivariano, guapo y apoyao”, a quien no vale la pena nombrar. Al parecer, Carlos Emiro Méndez, Secretario de Seguridad del Gobierno de Carabobo, se encontraba acompañando a dos candidatos a diputados en su reclamo ante la Junta Regional del CNE, cuando fue agredido y golpeado con un casco por un militar de alta graduación (en realidad, más bien baja, si a ver vamos), trayéndole como consecuencia que fuera llevado de emergencia a una clínica para ser examinado, ante la posibilidad de que la agresión le hubiera causado graves daños corporales.

A diferencia de lo recomendado por Somerset Maugham, habría que buscar unos cuantos adjetivos para calificar tal acción, tales como “cobarde”, “alevosa”, “ominosa”, “execrable”, y todos los demás epítetos que al lector se le ocurran.

Seríamos demasiado optimistas si creyéramos que la supuesta agresión será castigada. Tanto hemos visto y leído, que tememos que el oficial de marras hasta sea felicitado por tan vil acción. La violencia ya no proviene sólo de los malandros, sino también de los que se supone deben controlarlos, y la impunidad los ampara a todos.

Y aquí llegué al límite. Ruego al lector que ponga lo demás.

 
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