Desempoderamiento revolucionario

Argelia Ríos

Argelia Rios

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En adelante, el principal problema del Presidente y su nómina será “cuidar el 2012”

El resultado confirmó lo que muchas voces dentro del chavismo vienen advirtiendo desde el 2007. “El proceso” ya no exhibe el potencial de otros tiempos. Los déficits gubernamentales, que han significado la postergación de los beneficios prometidos, afectaron la prédica revolucionaria. La homilía sobre “la felicidad posible” hoy está desteñida por la dramática contradicción entre sus contenidos y la persistencia de problemas, frente a los cuales sólo destaca la negligencia de las autoridades. Ni el sistema electoral -diseñado para invisibilizar la descapitalización política de la propuesta bolivariana- consiguió su propósito. Al contrario, ha ensanchado el triunfo de los sectores democráticos del país, hasta transformarlo en una verdadera épica.

Lo que el Gobierno ha procurado enmascarar desde los tiempos de la reforma de 2007, quedó al descampado en las elecciones del domingo: la revolución ya no es un “proyecto nacional”, ni cuenta tampoco con el tipo de respaldo requerido para restablecerle esa condición. El experimento transita su fase de agotamiento y nada indica que será rectificado el origen de su drama… Concentrado sólo en la batalla por el poder -en descuido de sus deberes administrativos- el Gobierno ha logrado, ciertamente, acapararlo todo, pero en desmedro de la confianza de la mayoría. El 26S ratificó lo que tantos observadores chavistas detectaron tras el referendo constitucional: la ruralización del “proyecto”, en un país urbano donde la población del campo sufre los rigores del fracaso de las políticas agrarias de la propia gestión revolucionaria.

La tendencia, dicen los chavistas más objetivos, es ostensible: aunque la revolución aún no es un proyecto menesteroso en apoyos, su futuro se haya comprometido seriamente por causas inherentes a ella, y no por la acción de sus adversarios, hoy legitimados en buena lid -al igual que su causa- con los resultados del 26S… Ya habituado a gobernar sin contrapesos, a Chávez le toca ahora afrontar una correlación incómoda, que coincide con una etapa del proceso muy distinta a las anteriores. Con el sol a las espaldas, y un discurso de cambio decolorado por el tiempo, la “ledezmización” de los resultados del domingo, no le saldrá económico. En adelante, el principal problema del Presidente y su nómina será “cuidar el 2012”: algo que hará incrementando el abuso que, obviamente, le amplificará los riesgos, en un círculo de fuego de donde puede salir carbonizado.

Aunque lo nieguen, el resultado del 26S significa el preámbulo del desempoderamiento de Chávez y su nómina. Es cierto que la oposición todavía no está dotada de poder. Pero sí de una invaluable oportunidad para demostrarle al país que una democracia decente y bien controlada representa un proyecto superior al de la revolución. De eso se trata: de “consolidar” el triunfo.

 
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