LA NOCHE TRISTE

FABULA COTIDIANA

Manuel Felipe Sierra

MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

“Nunca pensé que este día, el día más triste de mi vida fuera a suceder durante mi gobierno”, dijo Rafael Correa ante la multitud que rodeaba el Palacio de Carondelet. Minutos antes recobraba la calle luego de varias horas en el Hospital Policial de Quito.

La mañana del jueves 30 de septiembre, el Cuartel de la Policía Nacional fue estremecido por un motín. Los “chapas” (apelativo quiteño de policía), cuestionaban un veto presidencial al anteproyecto de Ley de Servicios Públicos. Correa se hizo presente para dialogar con los huelguistas. En un ambiente ya caldeado, fue recibido con gases lacrimógenos y trasladado enseguida al centro asistencial.

El episodio desató el desconcierto. En un país acostumbrado a golpes de estados civiles y asonadas legislativas, parecía llegar el momento de un curioso golpe de estado policial. No era para menos. Los mandatos ecuatorianos en los últimos años, han estado a merced de situaciones inesperadas.

Se recuerda que el 5 de febrero de 1997, numerosas organizaciones sociales salieron a las calles para repudiar el gobierno de Abdalá Bucaram Ortiz, político heredero de la corriente de Jaime Roldós, su cuñado y presidente de la República que pereciera en un accidente aéreo. Bucaram había ejercido funciones públicas y era conocido como cantante y atleta (asistió a las Olimpíadas de Munich en 1972). El 7 de febrero de 1998 una incontenible marejada popular lo hizo salir del poder y el Parlamento lo destituyó por “incapacidad mental”. En esos días, el disco de mayor venta en Ecuador era su long play titulado “Un loco que ama”.

En la jornada de protesta contra Bucaram participó activamente el abogado Jamil Mahuad. Se había desempeñado como alcalde de Quito con una destacada gestión en materia de servicios públicos. La salida de Bucaram estimuló el ascenso de Fabián Alarcón, presidente del Congreso Nacional. Mahuad ganó las elecciones en 1998 ante Álvaro Novoa. Firmó un tratado de paz con Perú que puso término a un largo conflicto entre los dos países; enfrentó una severa crisis bancaria y adoptó el dólar como moneda nacional, logrando con ello estabilizar la economía. Sin embargo, creció el malestar en grupos indígenas y en la izquierda por sus políticas neoliberales. La Confederación de Nacionalidades Indígenas tomó un día las calles de Quito y una multitud avanzó hacia el Congreso Nacional apoyada por un grupo de coroneles. A la medianoche, Mahuad dimitió y un triunvirato integrado por el vocero indígena Antonio Vargas, el coronel Lucio Gutiérrez y el jurista César Solórzano Constatine asumió el mando. Gutiérrez se separó por presión militar y el académico Gustavo Novoa fue nombrado presidente provisional.

Gutiérrez fue dado de baja y detenido durante seis meses; y finalmente favorecido por una medida presidencial. Tiempo después emprendió una intensa campaña electoral y conformó una alianza con grupos indígenas encabezada por su partido Sociedad Patriótica. En esos días surge la acusación de haber recibido financiamiento de Hugo Chávez a través de un asistente del canciller José Vicente Rangel y circulan versiones que sus finanzas son alimentadas con aportes de las FARC. El 24 de noviembre de 2002 derrota al candidato Álvaro Novoa y es electo presidente. Al tiempo, surgen problemas con el Congreso Nacional y para solventarlos procura un acuerdo con los partidarios de Bucaram. Aprovecha un viaje oficial a Panamá y se entrevista con éste, todavía desterrado en ese país, a quien le garantiza su regreso a Ecuador.

El 20 de abril de 2005 fue el día de mayor presión de la “rebelión de los forajidos”, un movimiento que comenzó con los llamados del periodista Francisco “Paco” Velásquez, de la emisora juvenil “La Luna”, que facilitaron protestas de la clase media contra los desaciertos del gobierno. Rápidamente se produjo el contagio con los medios de comunicación y se configuró una impensada respuesta de la sociedad civil. El clima se hizo irrespirable. Por 60 votos el Congreso aprobó la salida del presidente “por vacante de sus funciones”, y en su lugar fue designado Alfredo Palacios. Entre quienes aparecieron al frente de las movilizaciones se encontraba el economista Rafael Correa, que habría de asumir el Ministerio de Economía en el gobierno provisional. El periodista Fernando Cárdenas escribe: “desde la Casa de Gobierno salieron varias camionetas todoterreno pero se alcanzó a distinguir que Lucio no iba en la caravana. Todavía permanecía en su oficina. Cuando la plaza de la Independencia había sido tomada por los “forajidos” se pudo ver cómo un helicóptero se posaba en el recinto presidencial y rescataba al mandatario para conducirlo al aeropuerto”.

Rafael Correa se postuló a la presidencia de la República y obtuvo la victoria en las elecciones del 26 de noviembre de 2006 frente al incorregible Álvaro Novoa. Su ascenso coincidió con la expansión del ALBA, la propuesta chavista que había contaminado Bolivia, en menor medida Perú, y Paraguay, además de Nicaragua. Correa se sumó a ella y compró un seguro de sobrevivencia económica por la vía de la ayuda petrolera; y para el refrescamiento institucional mediante la convocatoria a una constituyente lo cual permitió drenar la presión por cambios políticos.

Para Correa lo ocurrido el jueves tuvo todas las características de un golpe de estado, por supuesto, con la modalidad ecuatoriana e insistió en que en todo ello estuvo metida la mano del excoronel Lucio Gutiérrez. Si se revisa la reciente historia de Ecuador no cabe duda que Correa tiene razones para la preocupación y porqué no, para la tristeza.

 
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