Para que bajen los recursos

Carlos Ochoa

MERCURIALES
Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com

El mensaje de campaña de Proyecto Venezuela difundido en las pasadas parlamentarias, es parte de una estrategia que busca posicionar un discurso político en el seno de la bancada opositora. Henrique Salas Römer es un político que ha demostrado que sabe jugar adelantado, y esta vez se le escabulló a sus compañeros de ruta de la MUD, imponiendo desde ya la agenda parlamentaria de los sectores del cambio.

Para comprender correctamente como Proyecto Venezuela con tres diputados, puede hacer valer su política en un parlamento variopinto, primero hay que preguntarse qué papel van a desempeñar efectivamente los diputados electos de la oposición en la Asamblea que recién elegimos. Las expectativas creadas en el furor de la campaña hicieron prometer a más de un candidato cosas imposibles de lograr en el próximo período legislativo. Este exceso de optimismo se sustentaba en un escenario de triunfalismo en donde el chavismo no obtendría la mayoría calificada ni la simple. Puertas adentro las organizaciones políticas estaban claras que con la modificación de los circuitos, el chavismo saldría favorecido con el número de diputados, pero su objetivo estratégico se aclaró la madrugada del 27, cuando la sumatoria de los votos populares favoreció a la oposición. Este resultado ratifica que lo más importante en esta elección lo constituía el número de votos nacionales de lista y del Parlatino. Estos votos nacionales, sumados, le han propinado a Chávez una derrota que todavía no asimila, es desde todo punto de vista un triunfo estratégico que apunta a las presidenciales del 2012.

Es en este escenario donde el slogan de campaña de Proyecto Venezuela cobra vigencia. Los diputados opositores electos podrán redactar y proponer leyes que no van a ser aprobadas si no se produce primero un acuerdo de país con la mayoría parlamentaria del PSUV. La reversión de las leyes que afectan la propiedad, la economía, la Fuerza Armada, la proporcionalidad electoral, y otras importantísimas que impactan el modo de vida de los venezolanos, sólo pueden ser derogadas o reformadas por un parlamento o una asamblea constituyente de mayoría democrática. ¿Entonces, qué les queda como tarea a los diputados de la oposición si están impedidos por la realidad parlamentaria de legislar o reformar? La respuesta es simple, pero expresa la vigencia de contenido de la lucha democrática de más de una década. Los diputados deben pedir que le bajen los recursos a las distintas entidades que los eligieron, para ello deben constituir un autentico  poder contralor popular, que exija del gobierno central lo que por ley le corresponde a las regiones.

Retomar la descentralización como eje del discurso político, en oposición al centralismo del socialismo estatista de Chávez, es el mandato que los sectores democráticos han recibido del electorado. La confrontación que existe en Venezuela está definida por el antagonismo de dos visiones de país: una centralizadora y estatista que disminuye la participación del ciudadano en la solución de sus problemas, y otra descentralizada y participativa que profundiza el federalismo democrático.

La lucha por la asignación de los recursos que le corresponden por ley a las instancias estadales y municipales, es con la denuncia de la corrupción y el abuso de poder por parte del gobierno, la agenda parlamentaria de los sectores del cambio.

Aristóbulo, hay suficiente “saliva de loro”, inclusive hasta  después del 2012.

 
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