POLÍTICOS Y ESTETAS


Massimo Desiato
mdesiato2002@yahoo.com

El pueblo venezolano ha sido durante décadas un pueblo más esteta que político, un pueblo tan estético que transformaba la política en estética

Alguna vez dijo Karl Kraus: “El hombre político se halla metido en la vida, no se sabe dónde. El esteta huye de la vida, no se sabe dónde”. La observación de Kraus puede extenderse a los pueblos: hay pueblos eminentemente políticos, y otros, en cambio, que son estetas. El pueblo venezolano ha sido durante décadas un pueblo más esteta que político, un pueblo tan estético que transformaba la política en estética, es decir, según el pensamiento de Kraus, un pueblo cuya política huía de la vida. El pasado 26-S esto se acabó.

Para un pueblo esteta, por si fuera poco, la vida política, la actividad de los partidos, el turnarse de los gobiernos no puede ser considerado digno de mucho interés, pues la política está sumergida, usualmente, en la retórica de las buenas intenciones y de las promesas no mantenidas.

Huir de la vida en el bullicio mundano, en la vida “erótica” más que en la racionalidad política, no debe sorprender.

Lo que sorprende es el cambio que un pueblo emprende cuando pasa en un tiempo relativamente corto de esteta a político.

Hay una razón decisiva para esto. Por lo general, cuando hay un interés por la vida política entre la gente común y en quien se encuentra en la sociedad en posiciones marginales respecto del juego político, este interés surge del hecho de que de pronto en el panorama económico y cultural surge la espera por un cambio social decisivo. El 26-S ha representado ese cambio social decisivo.

Chávez, más que el chavismo, debía ser detenido en su radicalización hacia el comunismo. Esto significa que a la polarización se ha correspondido una politización de la gran masa del pueblo venezolano que ha ido a votar más que nunca estimulado por una conciencia política nunca vista. Se metió en la vida en lugar de huir de ella, prescindiendo de la respuesta que Chávez dará a la pérdida de la mayoría calificada en la Asamblea Nacional.

En cambio, en los períodos, por así decirlo, estáticos o estables la vida política es seguida con un gran escepticismo y es considerada una actividad parasitaria e inútilmente dispendiosa, cuya complejidad inaccesible a la mayoría de los ciudadanos es sólo la máscara de un privilegio reservado a los pocos políticos de profesión.

Pero Chávez se encargó de hacer dos cosas, rebajar la política a un nivel donde todo el mundo entiende lo que se quiere hacer y llevar al país a una encrucijada tan vital que casi nadie puede huir de la vida, pues Venezuela no se encuentra ni en una fase estática ni mucho menos en una fase estable.

Chávez es un político nato.

En él hay muy poco de esteta. Esto es así en la medida en que, como hombre político, percibió y percibe la vida siempre como una continua amenaza. Sus manías de grandeza y de seguridad esconden a duras penas esta incertidumbre que no puede ser curada. Chávez está metido en la vida, según la expresión de Kraus, y no huye de ella como ha hecho hasta ahora (ahora no más) gran parte del pueblo envuelta en la actitud estética.

De forma paradójica, Chávez mismo ha procurado el cambio que se registró en el 26-S. Se ha vuelto tan peligroso, portador como es de un cambio social decisivo, que ha despertado el meterse en la vida de los venezolanos que le rompieron la mayoría calificada en la Asamblea.

De alguna manera ha sido tan exitoso en hacer volver el pueblo a la política que fue derrotado políticamente en su intento de llevar el país hacia el comunismo. Al menos fue derrotado democrática y pacíficamente. Otro cuento es la respuesta que dará a este revés. Pero ese es otro asunto.

 
Top