Presidente, llegó la hora de rectificar

Caminando con Carlos Lozano

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Carlos Lozano
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Nuevamente el presidente Chávez espanta el desarrollo privado con la acción emprendida desde su programa “Alo Presidente”, en el que anunció a los representantes de la conocida empresa  Agroisleña, y al país,  la expropiación.

El problema, y el gran riesgo, están en que no se trata de una finca más, ni de una simple empresa local. Agroisleña tiene una red con más de 60 sucursales, 6 silos y una sólida y productiva trayectoria de 52 años desarrollándose con el agro venezolano; de paso, el financiamiento en vitales semillas e insumos para sembrar de miles de productores agrícolas, depende de Agroisleña.

No es mala la idea del gobierno de establecer su propia línea de distribución y comercialización para impulsar la producción agrícola. La pregunta es por qué hay que apropiarse de una organización que ya hace eso y lo hace bien, tal como en el caso de la gigantesca productora de alimentos -no sólo de cerveza- que es Polar. El gobierno tiene recursos económicos y humanos de sobra para montar redes de insumos y productos agrícolas que se sumen al esfuerzo nacional y lo incrementen, convirtiéndose así en generador de nueva riqueza. Es absurdo tanto alarde para simplemente trasladar capacidad de unas manos -privadas- a otras -públicas-, en vez de hacer lo que hace un gobierno con conciencia social: agregar riqueza.

Éstas son las medidas que espantan al inversionista privado nacional e internacional que quiere producir en Venezuela, y que nos ha llevado a un caudal de importaciones tan grueso que no sólo representa un gigantesco retroceso respecto a la relación producción local-importación de hace algunos años, sino que tiene elevados costos en dos áreas: el pago en dólares de las crecientes importaciones, y la caída de la producción nacional. Es una estrategia comprobadamente errónea y de consecuencias muy negativas en lo económico, pero también en lo político.

Agroisleña ha sido una empresa en el mismo estilo de Polar y muchos otros comercios e industrias venezolanos, por décadas fuentes sólidas y crecientes de recursos y servicios para el progreso venezolano,  y que por una voluntad equivocada que pone lo político por encima del beneficio real de los ciudadanos, van siendo demolidas sin que su derrumbe se convierta en crecimiento o bienestar.

Todos los esfuerzos que se puedan hacer para evitar este nuevo error perjudicial para el agro venezolano son importantes; la participación activa y los testimonios de quienes han tenido experiencias con estas empresas deben dejarle claro al país que Venezuela y los venezolanos han demostrado, desde mediados del siglo pasado, que el progreso y el bienestar para todos no dependen de caprichos, y que por el contrario el trabajo político debe tener como objetivo la mejoría social de todos.

Y eso se logra con creación, no con expropiación.

 
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