Inventor del baloncesto recibe reconocimiento

El pueblo natal de Naismith reconoce a su héroe.

Sian Griffiths

BBC Canada

El baloncesto nació para controlar a adolescentes y se convirtió en un fenómeno.

Cuando el doctor James Naismith inventó el baloncesto el 1891, poco se podía imaginar que llegaría a ser el segundo deporte más popular del mundo, que se jugaría en más de 200 países y que se convertiría en una industria multimillonaria.

A pesar de tal logro, tuvo que pasar más de un siglo antes de que su ciudad natal canadiense decidiera, el mes pasado, levantar una estatua en su honor.

El primer partido de baloncesto, en el que jugaban dos equipos de 9 jugadores, tuvo lugar el 21 de diciembre de 1891. El resultado final fue de 1-0

“Deberíamos estar gritándolo desde los tejados”, dice Stephanie Kolsters, conservadora del pequeño museo que hasta ahora era lo único que celebraba el logro de Naismith en Almonte, Ontario.

Pero, según el presidente de la Fundación James Naismith de Baloncesto, Allen Rae, árbitro de varios partidos olímpicos de baloncesto, la discreción en este sentido es una característica canadiense.

“En Canadá no hacemos mucho alboroto cuando se trata de nuestros héroes”, dice Rae.

Patos y melocotones

Una gran piedra -la “Roca”- se erige en un altar en el centro del museo.

Es un tributo al juego que le sirvió de la inspiración a Naismith: el “Pato en la piedra”, un juego que jugaba cuando pequeño.

El primer equipo de baloncesto se formó en 1891.

La idea era lanzar una piedra con un tiro parabólico, golpeando una roca o pato que se encontraba en una base.

Este tipo de lanzamiento resultó ideal para el baloncesto, que nació de la necesidad de entretener a estudiantes.

En 1891, cuando enseñaba en el Springfield College, Naismith tuvo que lidiar con una clase de “incorregibles”. A estos antagonistas se les tenía que mantener a cubierto durante el duro invierno de Nueva Inglaterra.

Tras fracasar intentando entretenerlos con los juegos clásicos, le encomendaron inventarse uno menos rudo.

Pensó que era mejor utilizar una bola grande pues se movía menos rápido; observó que, en los otros juegos, muchos choques se producían cuando la bola era cargada, pateada o golpeada con palos, y decidió que, para evitarlos, no se correría cargando la bola.

Finalmente, notó que las situaciones más violentas se daban al defender el arco, así que optó por ponerlo fuera de alcance.

Pero, ¿cómo meterían el gol?

¿Recuerdan el tiro del “Pato en la piedra”?

En este caso, en lugar de una roca, los jugadores tendrían que lanzar la pelota, que en ese entonces era de fútbol, a dos cestas de melocotones atadas en lo alto de cada extremo del gimnasio.

El portero del recinto más tarde agujereó los fondos de las cestas cuando se cansó de tener que subir cada vez a bajar la pelota.

El primer partido, en el que jugaban dos equipos de 9 jugadores, tuvo lugar el 21 de diciembre de 1891. El resultado final fue de 1-0.

Como más tarde dijo Naismith: “fue el principio del primer partido de baloncesto y el final de los problemas con esa clase”.

Momento olímpico

El pueblo natal de Naismith reconoce a su héroe

A partir de aquí, el juego creció. Hubo sugerencias para que el juego se llamara “Naismith Ball”, pero su modesto inventor lo llamó simplemente “baloncesto”.

James Naismith vivió lo suficiente como para ver el baloncesto como deporte olímpico el los juegos olímpicos de Berlín en 1936. Murió el 1939.

Había nacido en 1861. Cuando sus padres murieron de fiebre tifoidea y  sus hermanos fueron criados por un tío.

Pese a que abandonó la escuela para trabajar como leñador, después volvió a la educación… y con ganas: se licenció en Educación Física en la Universidad McGill de Montreal, obtuvo una diplomatura en teología y, después de mudarse a Estados Unidos, llegó a ser médico.

Demostró ser un súper atleta como jugador de fútbol americano y como gimnasta mientra estudió en McGill, llegando a ser el primer director de atletismo de la universidad. Incluso algunos consideraron más tarde que fue el precursor del casco que se usa en el fútbol americano.

Siendo un hombre profundamente religioso, el doctor Naismith creía que el deporte “podía usarse para llevar a los hombres jóvenes por el buen camino”

 
Top