Tévez nunca se da por vencido

Raúl Fain Binda

Carlos Tévez es un ejemplo de sensatez y equilibrio en una especialidad, la de goleador, muy vulnerable a los cambios y las contrariedades.

El goleador, como el portero, no tiene refugio en la responsabilidad colectiva.

Varios goleadores de nota están peleados con el gol: Cristiano Ronaldo e Higuaín en Madrid, Wayne Rooney en Manchester, Diego Milito en Milán (embocó dos ante el Bari, pero su forma no es la de antes del mundial).

Otros se han recuperado esta temporada: Eto’o encabeza la lista de goleadores del calcio, Berbatov ha dejado a varios con la boca abierta en Inglaterra.

Los altibajos se deben a diversos factores: lesiones, falta de continuidad, abulia, crisis de relaciones personales, escándalos, cambio de entrenador y de librillo, nuevos compañeros, ansiedad, falta de inteligencia… y hay más.

Tévez parece inmune a las contrariedades. En los últimos meses ha tenido una vida bastante agitada, con el nacimiento prematuro de su segunda hija, problemas familiares y de relaciones sentimentales, etc., pero siempre ha mantenido su rendimiento en el campo de juego, con una entrega conmovedora.

Tévez, el más generoso de los jugadores, persigue todas las pelotas, nunca se da por vencido, siempre da el ejemplo y por eso sus hinchas lo adoran y los otros aficionados lo respetan.

¡Si hasta fue festejado en Brasil, donde los argentinos tienen que esforzarse al máximo para contar con la tolerancia (para no hablar de la simpatía) de la torcida!

La barrera del idioma

Tévez es un buen futbolista, pero no es un gran lingüista: sus dificultades con el inglés son tan notorias que casi todos pensaron que Roberto Mancini, el entrenador del Man City, había cometido un error cuando le dio la capitanía.

El propio Tévez ha reconocido que el ofrecimiento le sorprendió, un poco por sus problemas de comunicación y otro poco porque había criticado a Mancini por su “agotador” régimen de entrenamiento y la cesión de Bellamy, otro tipo sin pelos en la lengua, con quien Tévez congeniaba dentro y fuera del campo.

Pero la movida ha sido un gran acierto. Tévez, ese modelo de esfuerzo y entrega, reconoció el otro día que “a veces desaparecía del juego por 10 ó 15 minutos, pero ahora no me lo puedo permitir, me concentro todo el partido”.

Y su ejemplo arrastra a sus compañeros.

Mancini ha querido repetir en Manchester lo ocurrido en Nápoles con Maradona: la capitanía también tuvo un efecto galvanizador en el jugador y el equipo.

El Napoli fue en su momento como quiere ser el City, un club de segunda línea, sin el hábito de ganar, que da un paso al frente de la mano de un crack.

Tévez rechaza la comparación con Maradona, pero en el fondo le gusta.

Semejanzas y diferencias

Hay otras semejanzas entre los dos argentinos.

Ambos crecieron en barrios caracterizados por la pobreza, según algunos, o por la violencia, según otros.

La gran diferencia, en esto, es que los periodistas invocan las penurias del Diego niño para explicar o justificar sus posteriores excesos y vicios, mientras que Tévez atribuye a su dura experiencia en Fuerte Apache el equilibrio actual.

“Aprendí mucho de aquella época, me ayuda mucho para enfrentar los problemas”, dijo la semana pasada, tras visitar el Hospital de Niños.

T y M comparten el hábito de decir las cosas tal como las ven, pero en esto también se puede comprobar una notable diferencia.

Maradona es rencoroso y sus declaraciones suelen apuntar a un ajuste de cuentas, ya sea con Pelé, con Bilardo o el que sea que no le muestre respeto absoluto.

Tévez, milagro de milagros, puede llevarse bien con gente que no lo adora y es capaz de desafiar la autoridad en defensa de otras personas, en vez de la protección de sus propios intereses.

Así, aparte de la defensa de Bellamy ante su propio entrenador (que mantiene aún hoy, cuando es capitán), también defendió a Maradona frente al todopoderoso presidente de la AFA, cuando otros jugadores “se borraban”, ya sea por el alivio de sacarse de encima a un incompetente o por el temor a quedar mal con el jefe.

Fiel a su estilo, Maradona, cuando llegó la hora de agradecer el gesto, también deslizó un reproche, porque Tévez no rompió por completo su diálogo con el dirigente.

Es cierto, no se puede comparar a Maradona con Tévez, ni como jugadores ni como personas.

Amigos y no tan amigos

La fidelidad con los amigos es más una virtud de Tévez que de Maradona.

Diego quiere que sus amigos se pasen la vida oficiando misas en su altar personal, y castiga cualquier desvío, cualquier muestra de independencia.

(Un ejemplo típico: le hizo la cruz a Jorge Valdano, gran admirador y ex compañero, por un comentario inocuo sobre su inexperiencia como entrenador.)

Tévez tiene mejor memoria y más respeto por la gente.

Esto no quiere decir que sea un santo franciscano.

Se puede vislumbrar un rescoldo de envidia: hace algún tiempo puso a su amigo Wayne Rooney por delante de Messi en la jerarquía internacional, y durante el mundial dejó en claro que le molestaba la adulación de todos al crack del Barsa.



 
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