BOCHORNO EN LA PLAZA BOLIVAR

REPIQUE

Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com

Bochornosos los espectáculos que ocurren en el centro de Valencia, particularmente en los alrededores de la plaza Bolívar, donde cualquier ciudadano, a cualquier hora, puede presenciar las escenas más inverosímiles que reciben el rechazo de valencianos que se resisten a ver a su ciudad sumergida en el caos, irrespetada, invadida por malvivientes que hacen de las suyas ante la indiferencia de autoridades municipales y regionales.

Lo triste de esta situación es que se ha hecho cotidiana, tanto que para muchos que transitan por el lugar a diario ya nada les asombra, se acostumbraron a ver cosas tan desagradables, a ser despojados de calles, de rincones, de lugares, que son para el uso y disfrute de toda la ciudadanía.

Sin exageración decimos que es un bochorno lo que ocurre en el centro de Valencia, en la zona considerada patrimonio histórico y cultural, la que es recorrida por turistas de diferentes partes que se llevan la peor de las impresiones.

Un día, a las tres de la tarde, presenciamos un espectáculo deprimente. En el cruce de la calle Colombia y la avenida Urdaneta, frente a la Catedral y a la añeja farmacia La Torre, nos llamó la atención una algarabía proveniente de un grupo de personas ubicado cerca de la acera de esa esquina de la plaza Bolívar. Nos acercamos, detallamos el grupo, unos cuatro adolescentes, varios hombres de mediana edad y una docena de mujeres, grotescas en su mayoría, que han convertido los alrededores de la plaza en su sitio de trabajo.

El motivo del alboroto era el acoso de una de las mujeres, quizás la más grotesca de todas, a un jovencito que estaba en el suelo y que luchaba para no dejarse quitar el pantalón bermuda y la camisa. El muchacho se paró, corría alrededor del grupo y la mujer lo perseguía. “Se puso rojito”, gritaba un hombre. La mujer se subió a un banco de cemento, se contorsionaba, mostraba sus carnes abultadas que amenazaban con romper una lycra blanca, casi transparente, y una franelilla corta, bastante ajustada. Comenzó a gritar, los otros reían a carcajadas, palmoteaban, decían vulgaridades, mientras el muchacho, un poco retirado del grupo, se acomodaba la camisa y se sacudía el polvo. Una señora que pasaba por allí con una niña trataba de taparla con una gran bolsa para que no viera a la mujer grotesca agitando sus pechos casi al aire. La señora nos miró con cara muy consternada. En ella percibimos la angustia por la pérdida de la tranquilidad y el esplendor del corazón de la ciudad.

Esto es solo una muestra de innumerables hechos que han transformado al centro de Valencia en una zona dominada por malandros, prostitutas, por gente ociosa, por niños y niñas que se inician en la prostitución y el delito.

Lo deseable es que la Alcaldía de Valencia, a la par de la remodelación que hace de la plaza Bolívar, inicie un saneamiento de todo el casco central que abarque lo urbanístico, lo ambiental y la profilaxia social, para devolverle a los valencianos su ciudad.

 
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