CLAUDE LEFORT, EL FILÓSOFO QUE NO SE DEJÓ ENGAÑAR

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

Uno de los grandes pensadores de la izquierda contemporánea devenido en analista de la democracia, el filósofo francés Claude Lefort, falleció este 4 de octubre.  Su libro “La invention démocratique” es casi una profecía de la actual situación venezolana.

El gran pensador del totalitarismo y de la democracia, el filósofo francés Claude Lefort, acaba de fallecer a los 86 años.

Claude Lefort

Produjo el pensamiento político más fecundo del siglo XX francés, detectó desde temprano las trampas del totalitarismo, al punto de convertirse en un avis rara dentro del panorama intelectual francés seducido por la experiencia del comunismo soviético, por ello, a diferencia de aquellos intelectuales que “o tenían la tarjeta del partido o eran simpatizantes”, que comulgaban con las versiones idílicas del comunismo soviético, Claude Lefort puede mirar su pasado sin nostalgia ni remordimientos.  No obstante, ello no le impide considerar al mismo tiempo que “hay virtudes, generosidad y capacidad de rebelión en aquellos que de ordinario permanecen silenciosos, aquellos que no poseen el poder.”

Su originalidad es la de su anticomunismo de izquierda que conduce a un enfrentamiento con el comunismo y el conservatismo de derecha.  Su temprana clarividencia proviene de una particular sensibilidad hacia una manera atenta de observar la historia, de escuchar a sus actores; de dedicar especial atención a la manera de vivirla y sufrirla.  La coincidencia de su pasión precoz por el hecho político con la filosofía, es la fuente que ha dado origen a su obra.  Fue uno de los primeros en tomar en cuenta las obras de los disidentes como: Ciliga, Suvarine, Kravchenco, lo que le permitió comprender rápidamente que la naturaleza del régimen soviético no era la que la izquierda acreditaba.  El “dogmatismo del partido comunista le repugnaba; en el fondo se sentía libertario”, declaró en una entrevista reciente.

Fue profesor en la Universidad de Caen, luego director de estudios en la célebre Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Fue alumno de Maurice Merleau-Ponty quien lo introdujo al marxismo, sin por ello adherir al Partido Comunista.  El mismo Merleau Ponty lo introdujo a “Les Temps Modernes”, la célebre revista fundada en octubre 1945., que devino el centro de la vida intelectual francesa de la postguerra, cuyo primer comité de redacción estaba integrado por Raymond Aron, Simone de Beauvoir, Michel Leiris, Maurice Merleau-Ponty, Albert Olivier et Jean Paulhan. La opción de Sartre de fidelidad al Partido Comunista provocó rupturas y alejamientos, como fue el caso de Raymond Aron que adoptó posturas abiertamente  críticas ante el marxismo.

El talante crítico de Claude Lefort lo condujo al principio a las filas del trotskismo del cual también se alejó, pues no comprendía como se podía continuar apoyando a la URSS bajo el pretexto de que se trataba de “un Estado obrero, con desviaciones burocráticas”, negándose a ir más lejos en la crítica, negándose a reconocer el carácter totalitario del régimen.  En 1948 funda a Cornelius Castoriadis el grupo “Socialismo o barbarie” en donde desarrolla su crítica del comunismo y del estalinismo.  En 1956, la revista se caracterizará por su denuncia y condena de la represión militar.  En 1958 rompe con “Socialismo o barbarie”, por rechazo a la orientación revolucionaria militante que había tomado Castoriadis.  Se aleja definitivamente del marxismo, conservando siempre un aprecio intelectual por el pensamiento de Marx. “Marx nunca ha dejado de apasionarme”. De lo que me he alejado, es de la idea de que se puede sobrevolar, dominar la historia, o dominarla intelectualmente.

Favorable fue su reacción frente a los acontecimientos de mayo 1968, en los que ve encarnarse los ideales antitotalitarios y antiburocráticos, sin embargo, no adoptará un compromiso político.  Para Lefort, el pensador, el filósofo no debe ejercer funciones, no debe contraer compromisos que lo limiten, que le impongan prudencia o silenciarlo”.  Sin embargo, inaugura su obra en 1968 con la publicación de Brèche escrita con el sociólogo Edgar Morin y Cornelius Castoriadis, en donde analizan los acontecimientos de Mayo 68.

La lectura del Archipiélago del Gulag de Solzhenitsyn le inspira la obra Un hombre de trop. Según el filósofo André Tosel, Claude Lefort no debe ser confundido con los “Nuevos filósofos” que  daban vuelta a la página del comunismo y del Partido Comunista.

El aporte fundamental de Claude Lefort es su trabajo analítico sobre la Democracia.  En su obra pionera La invention démocratique (1981), desarrolla su tesis de la “democracia como una sociedad sin cuerpo”, en donde reina una indeterminación radical, de lo que se desprende que ésta exige un proceso ilimitado de invención asumido por todos.  De hecho, la democracia es un proceso inventado e inventivo, en donde existe un lugar vacío que puede ser ocupado durante un tiempo. Lefort privilegia el estudio de la democracia como un orden simbólico y para él cuenta ante todo, la autonomía de lo político: lo político que es la manera en que se forma lo social.  La sociedad esta radicalmente enfrentada a la división y el debate entre lo legítimo y lo ilegítimo; dividida entre el pueblo y los grandes; una sociedad con poder es aquella que puede disociarse de los grandes.  La democracia es en el fondo, buscar la manera de que puedan vivir juntos individuos diferentes y abocarse a la “producción de lo común”. La perversión de la idea de democracia sobreviene cuando un partido pretende interpretar la sociedad como un todo, hecho que deviene en el totalitarismo, esa pretensión de construir una sociedad enmarcada en una centralidad.

Lefort establece una relación estrecha entre el fenómeno totalitario y las carencias de democracia.

El poder que ejerció el marxismo en la universidad francesa desde finales de la Segunda Guerra, hasta la caída del muro de Berlín, ha impedido que la obra de Claude Lefort haya encontrado el eco internacional que se merece.

Obra de lectura urgente para aquellos que todavía se niegan a abandonarse a la fatalidad del individualismo indiferente, pero que rechazan el totalitarismo que cínicamente  se justifica amparándose en la bandera

 
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