El oligopolio oficialista

Luis Cisneros Cróquer

TIEMPO CONFIDENCIAL
Luis Cisneros Cróquer
nirguayork48@hotmail.com

Si la empresa Agroisleña es un oligopolio, como la ha calificado el Presidente, entonces el actual gobierno de Venezuela lo es en extremo. Propietario de las decisiones, sean cuales sean, del Tribunal Supremo de Justicia y de su inefable Sala Constitucional; de la abusiva Contraloría General de Venezuela; de la inclinada y tortuosa Fiscalía General y de la Defensora del Puesto, así como de la interpretadora del deseo presidencial: la moribunda Asamblea Nacional, y además, con grupos armados que lo respaldan e impunidad frente a la arremetida feroz de la delincuencia, este oligopolio rojo rojito se ha hecho dueño de la principal empresa nacional, PDVSA y la ha llevado a la quiebra.

Detrás de la expropiación de Agroisleña, se oculta el plan de controlar la alimentación del venezolano, así como su distribución, de manera pues que estamos, si ya no hemos llegado, a las puertas de la cartilla de racionamiento, y de regresar al sistema de trabajo y pago de la hacienda gomera, cuando las fichas entregadas al trabajador del campo, sólo eran cambiables por corotos en las mismas bodegas del dueño y amigo del dictador. Solo que ahora la bodega ha cambiado de nombre.

Ya muchos están acostumbrados a Mercal, y ahora, quienes no lo están, tendrán que acostumbrarse y además a enseñar a sus hijos a obedecer -en cuanto al voto-  al oligopolio gubernamental. ¿Es esto una alucinación? Para el gobierno es una meta alcanzable y para los ilusos de siempre algo que no va a suceder. Pero viene sucediendo y cada día se aprieta más la mordaza, se agiganta más la injusticia contra el que trabaja y produce, y aumenta más la pobreza y -para muchos- la desilusión.

Es menester la unión para oponernos al descalabro que toca a las puertas de todos los hogares, para oponernos a la amenaza de quitarnos los hijos, nietos y bisnietos y someterlos al control del oligopolio oficial.

En el jardín de la casa, en el terreno sobrante, por pequeño que sea, coloquemos las semillas y las estacas, y cosechemos cosas que la mesa requiera, porque como todo lo que toca el oligopolio oficial se convierte en desastre, así  podremos al menos, disponer de algo que comer.

Prefiero aceptar esta realidad y luchar por una unidad que nos reclama más trabajo y sacrificios, a un optimismo iluso que pueda desembocar en hambre y alienante frustración.

 
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