En la radicalización está el fracaso

José Mayora
mayora.j@gmail.com

Los recientes comicios parlamentarios han sido reclamados como un triunfo del gobierno y de la oposición. No existe un criterio único que permita dilucidar este dilema, sin embargo, hay algunos hechos objetivos cuya interpretación es unívoca para todos los actores.

Con relación a la cantidad de votos obtenidos por el oficialismo y por la oposición, tal dato luce irrelevante frente a la pérdida de la hegemonía oficial en las decisiones legislativas. La AN deja de ser un apéndice de la revolución para convertirse en un poder autónomo, con pluralidad de actores donde la imposición deberá cederle el paso a la negociación.

El escenario resultante no le debiera dejar dudas a un líder de Estado, es decir a un estadista, acerca de los mensajes implícitos, preocupándose por la incuestionable pérdida de espacios de poder, a pesar de la arquitectura circuital diseñada para impedir tal acontecimiento.

Aparentemente, las manifestaciones públicas del líder del proceso no se compadecen con lo anterior. El Comandante amenaza con radicalizar un proceso revolucionario en el que las dos terceras partes del país no lo acompañan. En el mejor de los casos, usando sólo la población votante, el 53% tampoco lo acompaña. Recuerde Comandante que todos los votos que no se le sumaron al PSUV, eran votos de oposición, anidaran o no en la MUD.

La radicalización anunciada da cuenta que la lectura gubernamental es la preocupación por la pérdida del poder. De allí que tomar medidas que a futuro dificulten la gobernabilidad, están pensadas en un escenario de retoma del poder por la vía del debilitamiento institucional, probable objetivo oculto del líder del proceso.

La verdad irrefutable, es que el 26-S representa un triunfo político de la democracia venezolana, que no sólo es de la oposición. Rescatar el valor decisional, contralor y balanceador del Parlamento, beneficia por igual a propios y extraños. Obliga al oficialismo a cambiar su conducta prepotente y autoritaria al tener que negociar con quien ha calificado de apátridas, lacayos del imperio, enemigos del pueblo, “con quienes no hay reconciliación posible”. Pues bien Comandante, la sociedad democrática regresó al Parlamento ¿qué tal…?

No dudo que el triunvirato representado por los resabios de Maisanta, la frialdad revolucionaria de los cubanos, y el ansia de poder del Comandante, “su verdadera motivación revolucionaria”, acaricien la idea de negociar por fuera de la AN con los líderes de la oposición. Tal escenario, posiblemente priorizado por la cúpula revolucionaria, es impensable pues tal cosa no sólo sería traicionar a más de 5 millones de demócratas que decidieron recuperar la AN, sino que consolidaría al proceso revolucionario.

No cabe duda que el pueblo demócrata sabe a ciencia cierta que Chávez es derrotable con votos; que ha concentrado tanto poder que cada vez es más vulnerable; que el chavismo descontento no se puede medir con encuestas pero, en la medida que la caída del régimen se perciba más cerca, crece la probabilidad del ”salto de talanquera”.

Los días por venir son determinantes, toda vez que los movimientos tácticos del chavismo deben dirigirse a anular el papel de la AN. A pesar de ello, a la oposición sólo le queda continuar unida y en la calle, difundiendo las ideas y los compromisos que líderes y pueblo deben asumir.

Vamos tras de un país que en nada se parezca a éste, ni al anterior, algo nuevo y distinto, ¡ése es el reto!

@ELUNIVELSAL

 
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