Tiririca

Elsa Cardozo

Elsa Cardozo

elsacardozo@gmail.com

No deja de sorprender que un payaso con el lema “Vote Tiririca, pior do que está não fica” y una campaña de humor rayano en el cinismo (“¿Qué hace un diputado federal? La verdad, no tengo ni idea, pero vote por mí y se lo cuento”), lograra cautivar la ignorancia y el desencanto para hacerse de la mayor votación que diputado alguno obtuviera el domingo pasado en las elecciones brasileñas.

Esto ocurre en un país donde el espacio político para la democracia se ha consolidado a medida que han sido atendidas profundas desigualdades sociales, superadas las severas dificultades económicas con las que comenzó el siglo e investigados muy graves escándalos de corrupción con ramificaciones en las más altas esferas del Gobierno. Así que, más allá del chiste fácil, lo de Tiririca merece atención en Brasil y en su vecindario.

Varios acontecimientos de estos días ilustran las palabras y conductas de quienes, sin la candidez del artista brasileño (que también prometió “ayudar a los más necesitados…

incluso a mi familia”), destruyen el espacio político, dentro y fuera del poder, entre la burla y la agresión.

La lista puede comenzar con el contenido preliminarmente revelado de los correos del Mono Jojoy en que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se definen como “ejército guerrillero móvil, irregular y ofensivo, autónomo, porque hemos trazado nuestra propia línea para auto-gobernarnos y tomarnos el poder”, y seguir con el registro de la actitud de Vladimiro Montesinos cuando aprovechó la audiencia en la que fue sentenciado a 25 años de cárcel por 2 matanzas y una desaparición forzada para promocionar y ofrecer en venta, muy sonriente, libros suyos a los periodistas asistentes.

En la raíz de la reciente crisis ecuatoriana está la terquedad de un Presidente que ya no escucha ni a sus aliados, mientras su discurso se desgasta entre el ultimátum, la descalificación de cualquier crítica y la sobrestimación de sus recursos retóricos. Quizá quiera emular, forzando la historia, al cinco veces mandatario, muy populista e histriónico José María Velasco Ibarra, autor de la expresión: “Denme un balcón y volveré a la Presidencia”.

Lo cierto es que la actitud de Correa suscita justificados recelos y temores ante los excesos de quien no disimula su intención de controlar los medios de comunicación y todos los poderes.

Caben también en este incompleto catálogo de muestras, como piezas de interés metafórico, las imágenes de Evo Morales jugando al fútbol con rudeza digna de tarjeta roja.

Cómo no anotar al Gobierno venezolano ­no sólo al Presidente, aunque él sea el más vocal y explícito­, con su maltrato al proceso y resultados de una elección legislativa que, en lugar de ser vista como oportunidad para recuperar la conexión gubernamental con las necesidades y aspiraciones de una sociedad plural que ha manifestado su respeto por los canales institucionales y democráticos de la política, ha sido tratada con desprecio y las ya habituales e inexcusables dosis de amenazas y sorna.

En lo que nos toca tan de cerca en estos días, hay felizmente un dato prometedor que anotar en nuestra cuenta: la recuperación de terreno para la vida democrática en el espacio legislativo, tan lleno de oportunidades y dificultades para quienes han asumido la responsabilidad, nada trivial, de frenar el atropello y la burla, de devolver credibilidad, respeto y, por qué no, cierto encanto y, como Tiririca, sentido del buen humor a la política.

@ELNACIONAL

 
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