Y ganó el escribidor

Eli Bravo

Eli Bravo

Vargas Llosa se lleva el Nobel por una razón sencilla: es un maestro del oficio

Vargas Llosa jamás ganará el Nobel porque es un reaccionario, solía decir entre rones un buen amigo caraqueño. Felizmente se equivocó. Este año la ideología no aplastó a la literatura, y aunque toda creación se apoya en ese entramado de convicciones, opiniones, sensibilidad y creencias que solemos llamar “visión de mundo”, Vargas Llosa se lleva el Nobel por una razón muy clara: es un maestro del oficio. Un gigante del arte narrativo. Y también, una voz contundente en la intersección de la política y la cultura, o como sentenció el jurado, un cartógrafo del poder y la resistencia del individuo.

No soy fan de Vargas Llosa, pero he leído varios de sus libros. Y leyéndolo he aprendido que la técnica es capaz de elevar la historia hasta hacerla irresistible. Mi favorito es La fiesta del chivo (habrá quien alegue: porque no has leído Conversación en la Catedral) y el que más me aburrió fue Los cuadernos de Don Rigoberto (jamás lo terminé). No puedo olvidar el impacto que me causaron La casa verde y La tía Julia y el escribidor: En esas páginas entendí que una cosa era la etiqueta del boom latinoamericano y otra el sello de un gran escritor, que en su caso, es producto de una disciplina que transpira en cada línea: en sus libros la emoción está sometida a la forma, y desde allí, impecablemente, Vargas Llosa nos invita a entender y cuestionar la realidad.

Y es aquí donde radica la importancia de su Nobel para América Latina. En tiempos de retórica populista, autocracias con ropaje democrático, voluntarismo político y libertades amenazadas, Vargas Llosa nos recuerda que el verdadero poder reside en el individuo y que los gobiernos no pueden imponer una versión de la realidad a conveniencia. Su tránsito ideológico a lo largo de los años, reflejado de una u otra forma en su obra, sirve para entender mejor los anhelos, las trampas y el futuro de un continente cada vez más diverso.

Quizás mi amigo tenía razón: Vargas Llosa es un reaccionario que no ha guardado silencio ante los abusos del poder y la lucha de los individuos. Y por ello ganó el Nobel, porque su ideología no aplastó su literatura, al contrario, se convirtió en piedra de toque para que millones de lectores conocieran el valor de la libertad. Y esto no lo pasó por alto el jurado, que hizo justicia al escribidor cuyos libros están por encima del cotilleo político, y los gobernantes que lo alientan.

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