Burlarse del pueblo… ¡NI EN CHISTE!

REPIQUE

Mélida Qüenza Ponte

mq0105@hotmail.com

En todos los continentes se celebró con gran emoción el histórico rescate de los 33 hombres que por más de dos meses estuvieron atrapados en una mina chilena, un hecho sin precedentes que no sólo marcará la vida de esta gente y de sus familiares sino que también llama poderosamente la atención sobre las precarias condiciones ambientales y la situación jurídica y social bajo las cuales se desarrollan las actividades mineras, tanto en ese país como en otras regiones del mundo.

Los adelantos en materia comunicacional nos permitieron ser espectadores en primera fila de este acontecimiento, como si asistiéramos al rodaje de una película, siguiendo paso a paso, ininterrumpidamente, todas las incidencias, sin esperar al “resumen noticioso” o a la “edición” especial de las principales escenas del rescate de los mineros. Una película con final feliz, cargada de emociones, donde todos reconocemos la valentía de los protagonistas y los esfuerzos materiales y humanos que se concentraron alrededor de la mina de San José para coronar exitosamente el operativo.

En el marco de ese sentimiento de alegría, de felicitaciones mutuas y de elevación del orgullo chileno, contrasta la actitud asumida por sectores de nuestro país, y expresado por algunos dirigentes políticos y comunicadores sociales, al hacer comentarios tendenciosos sobre lo que ocurriría si una tragedia similar sucediera en Venezuela.

Algunos lo hicieron a manera de chistes que pusieron a rodar. Aunque fueran chistes, en el fondo son comentarios que reflejan un deseo enfermizo de vernos disminuidos, de sentirnos en desventaja, con menos capacidad de respuesta ante cualquier otro país. Hasta es comprensible que el fanatismo, el odio irracional y toda esa serie de conductas inaceptables, generadas por el clima de polarización creado en los últimos años, pueda llevar a opositores a expresar cosas que denigran de nuestro gentilicio, con el solo objetivo de sumarse a la campaña de descrédito contra un adversario político.

Lo que es inadmisible es que asuman estas actitudes profesionales de la comunicación social y dirigentes que olvidan el respeto que deben guardar por la población que dicen dirigir. Hacerlo como chiste o con toda la intención de perjudicar a algo o a alguien, es expresar desprecio por el país, por un pueblo que ha demostrado su capacidad de respuesta ante tragedias como la de Vargas, y su nivel de organización, paciencia y claridad de objetivos ante paros, saboteos y hasta golpes de estado.

Demostraciones como las que describo son suficientes para exigir un tratamiento de respeto a este pueblo, al margen de la enfermiza y absurda polarización.

 
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