Diseñó e instrumentación del Socialismo del Siglo XX *

Joel D. Hirst **

En el curso de mi investigación sobre la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), me tropecé con un interesante documento. Hace menos de un año, salió a la luz pública en Nicaragua y se titula Hermandad Revolucionaria – Socialismo del Siglo XXI. Este documento fue presuntamente elaborado por el Secretariado del Partido Sandinista (FSLN) después de una reunión con el presidente venezolano Hugo Chávez. En el mismo se explica punto por punto cómo el FSLN haría su “segunda revolución sandinista” sustentable – por decir permanente- apoyada en el socialismo del Siglo XXI venezolano.

Seré honesto, yo no puedo confirmar la autoría de este documento. Sin embargo, el mismo contiene mucho de lo que – quienes hemos venido siguiendo de cerca a Venezuela y el ALBA – hemos querido saber.

El documento explica en la forma más precisa los fundamentos necesarios para construir el Socialismo del siglo XXI. Estos principios incluyen extender los mandatos presidenciales; cambiar constituciones políticas; colocar el Gobierno bajo el tutelaje de un partido revolucionario; fomentar conflictos sociales entre diferentes estratos de la sociedad; limitar los derechos fundamentales, tales como el derecho a la propiedad, la libertad de expresión y la participación asamblearia, y utilizar los recursos públicos con fines político-partidistas.

En pocas palabras, son precisamente las iniciativas que han llevado a que los derechos básicos se vean… “profundamente amenazados por la presencia de gobiernos tentaculares que han borrado las fronteras entre gobernante, partido y Estado”, tal como lo señaló el ex presidente de Costa Rica, Oscar Arias.

Mientras pondero el contenido del documento nicaragüense, advierto que hemos venido utilizando un lenguaje muy diferente al de los bolivarianos. Aunque con frecuencia utilizamos las mismas palabras, los significados, dados por el contexto histórico y su proyecto político, son profundamente diferentes.

Cuando nosotros decimos democracia, por ejemplo, nuestra mente visualiza una república liberal desde cuya perspectiva entendemos la importancia de la propiedad privada, de los derechos políticos, de la separación de poderes, del estado de derecho y de una burocracia profesional dedicada al servicio civil.

El proyecto del ALBA y del socialismo del siglo XXI, tal como con claridad lo expone el documento de Nicaragua, está construido de una manera diferente. Ellos hablan de derechos sociales y culturales (en oposición a los derechos políticos); ellos se quejan del daño que ha causado la separación de poderes a su empeño por crear un Estado socialista, y utilizan el conflicto que esta arquitectura de poder genera como excusa para centralizar el poder en manos del partido.

Ellos le dan importancia a la utilización de la burocracia, pero no como servicio civil, sino para la promoción político-partidista (tal como es demostrado por un estudio holandés en el programa “Hambre 0” en Nicaragua). Y lo que es aun de mayor significación: fomentan conflictos entre los diferentes segmentos de la sociedad para aumentar su poder político.

Quienes desde Washington observamos la actuación de los países bolivarianos, tendríamos una visión mucho más precisa si tomáramos nota de estas diferencias.

Muy frecuentemente Washington cae en la trampa del ALBA al hablar tan deliberada y ruidosamente sobre las elecciones. Y luego nos sentimos frustrados al recordarnos ellos -muy acertadamente- que realizan muchos más procesos electorales que nosotros. Estas elecciones, nos subrayan, legitiman su derecho de desmantelar las instituciones del Estado y del Gobierno, para colocarlas al servicio de su proyecto político, y el socialismo del siglo XXI.

Para evitar estas confusiones, y una jerga que no tiene ningún sentido, Washington tendría enfocarse en su verdadero, incondicional e inquebrantable compromiso de defender el estado de derecho y su compromiso también con el fortalecimiento de instituciones supra individuales, señalando sin miedo las diferencias reales que existen entre estas dos acepciones de la palabra “democracia”.

La claridad con que se exponga este compromiso dará credibilidad a nuestro llamado a que se respete el Estado de Derecho constitucionalmente consagrado, y sentirán soporte aquellos que desde las Américas quisieran ver en Washington un liderazgo capaz de defender “los derechos inalienables” de los que habla nuestra propia Constitución.

www.joelhirst.com

* TITULO ORIGINAL: La Hermandad Revolucionaria – El Socialismo del Siglo XI Nicaraguense

** Investigador con el Consejo de Relaciones Exteriores en Washington, dedicado a estudiar a Venezuela y el ALBA.

 
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