La liberación no es de unos: se construye entre todos y si no, no es liberación

Rafael Lucciani

El filósofo señala que el Gobierno debe leer los resultados del 26-S: “El deseo de reconciliación está en la calle.” – “Es lo que en el cristianismo llamamos un signo de los tiempos”, dice el doctor en Teología. – La sociedad, espontáneamente, ha emitido una señal: quiere espacios comunes.

Gloria M. Bastidas
gloriabastidas@gmail.com

Rafael Luciani abre la puerta de su oficina y sólo tiene que dar unos pocos pasos para encontrarse con un regalo de la naturaleza: el Ávila. Desde el segundo piso de la sede del Instituto de Teología para Religiosos del que es coordinador, la montaña parece un gigante hipnotizado.

Una gigantografía. El clima de paz que allí se respira cuadra perfectamente con la personalidad del filósofo: es de un talante muy suave; no se lo imagina uno segregando bilis. Una de sus vocaciones es la música.

Le gusta escuchar Mozart. Toca piano y compone. Pero las partituras han quedado para el terreno estrictamente privado. Su otra vocación ­la más fuerte­ está volcada hacia lo religioso.

No es sacerdote. Es laico.

Tiene un doctorado en Teología Dogmática (una rama que analiza las verdades comprendidas en la fe cristiana) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y se ha dedicado a indagar la relación que existe entre política y cristianismo. Una de las materias que dicta se denomina Cristología Bíblica: en ella analiza el perfil histórico de Jesús. ¿Era socialista el hijo de Dios? Luciani es una voz autorizada para despejar la interrogante.

–Durante el siglo I, que es cuando Jesús vive, hay dos concepciones de mesianismo que están en el ambiente: la del mesías davídico (el político) y la del mesías espiritual.

Para entonces, se esperaba la llegada del mesías davídico, que vendría con una fuerza militar a liberar al pueblo judío de los romanos, el imperio de ese momento. Pero Jesús se presenta bajo una imagen que queda distinguida claramente cuando entra a la sinagoga de Nazaret y lee el texto de Isaías.

Al final del escrito, está asentada una estrofa que Jesús omite intencionalmente. El texto dice: “Este es el año de la gracia y de la venganza”. Pero Jesús culmina la lectura cortándolo en el año de la gracia. Porque haber citado la otra expresión, el año de la venganza, era propia del mesías davídico que esperaban. Jesús asume un mesianismo en el espíritu.

¿Qué significa eso? El espíritu es una realidad para la que no existe una forma concreta. Si uno lo ve de una determinada manera, necesariamente tiene que excluir a los que no lo ven así. El espíritu es la realidad de Dios, en la que todos cabemos.

Luciani lleva chaqueta gris y un pantalón azul de gabardina. Una camisa a cuadros morada (el color del Nazareno) y zapatos de cuero. Elegante.

Sus manos están pulcras. De vez en cuando las mueve para darle vida a su relato.

–Fue tal la reacción de quienes lo escucharon en la sinagoga de Nazaret que el propio evangelista Lucas narra cómo trataron de matar a Jesús porque él no se había asumido como lo que ellos esperaban: un mesías político. En otro episodio aparece la figura de Pedro, que lo reconoce como mesías.

Y Jesús le responde: “Aléjate de mí, Satanás”. Uno pudiera creer que está refiriéndose a él como una entidad diabólica. Sin embargo el texto, en el contexto del siglo I, no se refiere a eso. El término Satanás tiene que ver con el sujeto dividido. La expectativa que tiene Pedro de Jesús es la del mesías político. Y por eso Jesús le responde de una manera frontal y muy fuerte, diciéndole: “Aléjate de mí, tú divides, tu expectativa es de división, que es el mesianismo de la venganza, el mesianismo davídico, el mesianismo político por la fuerza”. Cabría preguntarse: ¿Por qué Jesús anda con sujetos tan distintos, a los que mantiene cohesionados, pero sin convertirlos en una comunidad de homologados? Jesús no puede ser socialista en el sentido de asumir un proyecto político que implique el camino de la fuerza, la venganza o la exclusión. Ahora, que su praxis sea una praxis social, con incidencia en lo político, en lo económico, con incidencia en todo ámbito, ciertamente que sí.

Es autor de los libros La palabra olvidada: de la significación a la simbolización, Despertar a la abundancia de la vida y El misterio de la diferencia: un estudio tipológico de la analogía en el pensamiento de Tomás de Aquino, Erich Przywara y Hans Urs von Balthasar. Sesudo. Nada qué ver con Paulo Coelho.

congreso de venezuela asamblea nacional

–La Revolución Francesa toma en cuenta tres principios: libertad, fraternidad e igualdad. Esos valores están inspirados en el cristianismo. Pero no se puede imponer la igualdad a costa de la fraternidad.

Esa sería una praxis del mesianismo davídico. Yo tomo el poder, excluyo a los que no pertenecen a mi círculo, a mi visión de mundo. Los que quedamos somos los iguales y, a partir de esos que quedamos, construimos una hermandad cerrada, excluyente. Para Jesús, la relación que existe entre libertad, igualdad y fraternidad es algo muy distinto. Jesús asume de los profetas que la libertad es el valor fundamental. El eje central de toda la historia del Antiguo Testamento gira alrededor de ella. Entiende que no hay libertad sin entender el modo como se construye. Y para él, el único modo que tiene sentido es el fraterno. La tolerancia es un valor que me permite reconocer que el otro está ahí: la fraternidad implica que yo asumo al otro. Es un concepto mucho más amplio. Pero la fraternidad no es agarrarnos de las manos y caminar: implica un ejercicio de construcción de un espacio común. La expresión de Maquiavelo de que el fin justifica los medios no existe en Jesús.

Aunque el Ávila está cerca, hace calor. Luciani enciende el aparato de aire acondicionado.

Se prepara para responder otra pregunta: ¿Puede haber fraternidad en la Venezuela de hoy? –Uno pudiera pensar que dentro del proyecto (chavista) hay elementos que tratan de construir, con una intención muy positiva, el bien común. Pero si vemos el proyecto en su conjunto nos damos cuenta de que, para llegar a la construcción global del socialismo del siglo XXI, se pretende destruir lo que existe: partir de cero. Y sólo los que estén de acuerdo con esa idea pueden tener acogida o, como decimos en cristianismo, hospitalidad. No hay fraternidad porque eso forma parte del modo como se entiende el proyecto y como se pretende construir: a través de la imposición. ¿La búsqueda de la igualdad? Claro que sí. Pero eso no significa homologar. Si se pretende dar a alguien algo a cambio de una fidelidad absoluta, yo no estoy haciendo a esa persona sujeto: la he convertido en objeto de dependencia. Los medios tienen que coincidir con la creación de espacios comunes. Si no, el fin se convierte en algo impuesto, sea un proyecto político o una visión religiosa.

Vivió y estudió en Estados Unidos, Italia y Alemania.

Así que habla inglés, italiano y alemán. También domina el francés, el latín y el griego.

Políglota.

–Las elecciones parlamentarias han derribado un mito: el Gobierno siempre ha dicho que las clases más pobres favorecen su proyecto. Hemos ido descubriendo en los últimos años que no es así. Todos los estratos sociales están pidiendo pluralidad. En cualquier ámbito social y económico hay quienes aprueban y desaprueban el proyecto. Se cae el mito de la lucha de clases: los ricos contra los pobres. Y eso es un espacio positivo para la reconciliación. Los venezolanos quieren que el país se construya entre todos. Si ese mensaje no se sabe leer, entonces quedará otra vez más develado el tipo de praxis sociopolítica que adoptan quienes tienen el poder. Lo que está ocurriendo ahora es lo que nosotros en el cristianismo ­y especialmente en la teología­ llamamos un signo de los tiempos, que el Gobierno debe saber interpretar. Venezuela demanda un camino de recomposición y de concordia. Lo curioso es que, a pesar de que la reconciliación ha sido negada en el pasado reciente, el pueblo ha decidido, a esta altura, que no quiere sino reconciliarse. Y ese mensaje no viene de ningún proyecto político ni de ningún partido ni de ninguna figura: el deseo de reconciliación está en la calle.

Su oficina tiene un aire zen.

No resaltan los colores. Hay pocos objetos. Un escritorio.

Una computadora. Una pequeña biblioteca.

–El cambio que se ha producido en la Asamblea Nacional nos permitirá ver si prevalece una praxis totalitaria o si todos seremos sujetos. ¿Por qué? Porque veremos si una propuesta de ley es fruto del diálogo o si es impuesta porque tengo mayoría de votos.

¿A quién favorece? ¿Favorece a unos cuantos? ¿Favorece a la sociedad en su conjunto? ¿O favorece sólo a los que participan de ese ideal? En el comunismo, para llegar a una sociedad de iguales absolutos, se le trata de imponer al otro ese sistema. Sin embargo, aquí hemos visto una reacción contraria en la sociedad: está dando una señal de que quiere la creación de espacios comunes que hagan libre al sujeto, que es el sentido de la palabra liberación. Pero liberación no significa quitar a unos para poner a otros en su lugar. Significa, en el contexto de la sinagoga de Nazaret donde Jesús lee el texto de Isaías, que el individuo decida por sí mismo, que sea autónomo, que se desprenda de aquello que lo ata. La liberación no es de unos: se construye entre todos y si no, no es liberación.

@El Nacional

 
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