¿Locura o desafío?

JESÚS HERAS –

De nada sirvió en su momento y de nada sirve hoy el bloqueo norteamericano a Cuba. Triangulando con otras naciones, el Régimen de Castro supo evadirlo, y con el pasar del tiempo, las remesas de cubanos residentes en EE.UU. se convirtieron en una manera adicional de neutralizar el embargo, proporcionándole a la isla moneda fuerte para realizar sus importaciones.

Mucho más serio comienza a ser el impacto del bloqueo comercial a Irán, ejecutado al unisonó por EE.UU., la UE, Rusia y China. Y para la Cuba de hoy, la ausencia de cooperación económica europea.

El Régimen cubano atraviesa una crisis cuasi terminal. Pese a la ingente ayuda que de Venezuela recibe, su gobierno despidió, como es sabido, a medio millón de empleados públicos que ahora deberán ingeniárselas, falta saber cómo, para sobrevivir. Es algo realmente dramático y el Régimen de Castro teme sus derivaciones políticas con sobrada razón.

Como es sabido, en 1996 la Unión Europea condicionó toda cooperación económica a Cuba a señales claras de respeto de los derechos humanos y a visibles avances en la democratización de la vida política de la isla. A esa decisión se la conoce como la “Posición Común”.

En busca de mejorar las relaciones con Europa, Fidel Castro y Hugo Chávez, sin desistir en el esfuerzo igualmente común por encaratar el escenario político continental, han venido jugando al Policía Bueno y el Policía Malo.

La reciente liberación de 60 presos políticos cubanos en presencia de la Iglesia Católica y también del ex Canciller español, encargado entonces de las relaciones de la Unión Europea con Cuba, se inscriben en un esfuerzo desesperado de los hermanos Castro por lograr la flexibilización de la posición europea. España debía llevar la propuesta y lo hizo. Pero el esfuerzo fracasó.

El pasado lunes, el Congreso de la UE rechazó formalmente el planteamiento y, de paso, relevó a España de toda responsabilidad sobre el tema cubano, colocando esa misión en manos de la laborista británica Catherine Ashton.

La reacción del Policía Malo, no se hizo esperar. No había descendido del avión que lo llevó como alfombra mágica por su periplo mundial, cuando al recibir la noticia – y en consulta con Cuba, naturalmente- anunció la expropiación de Owens Illinois, mejor conocida como La Owens, empresa que desde hace cinco décadas viene fabricando envases de vidrio para la industria alimentaria.

Contrario al resto del mundo, en Cuba y ahora Venezuela, el embargo no es un sustituto a la guerra, sino a lo interno, un arma de opresión. “Quien controla el estomago, controla el poder”.

En nuestro país, fundos productivos, centrales azucareros, redes de supermercados, procesadoras de café, uno a uno han sido tomados por el gobierno en su esfuerzo por lograr un control absoluto del abastecimiento de alimentos. Las expropiaciones recientes de Agroisleña y Owens Illinois llevan el mismo fin.

Pero la última, anunciada a pocas horas de que la UE rechazara el planteamiento español, tiene una segunda lectura y, honestamente, no sabemos cuál es.

De allí la interrogante que encabeza nuestro editorial.

 
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