Revolución atómica

Eli Bravo


Eli Bravo

Chávez tiene razón: todo país tiene derecho a diversificar sus fuentes de energía. Al anunciar la construcción de una planta nuclear rusa en Venezuela, el presidente toma por el cuello un argumento válido para luego estrangularlo, porque una cosa es la generación eléctrica y otra el juego geopolítico contra el imperio.

La energía nuclear ha sido siempre una alternativa a los combustibles fósiles. Países adictos al carbón y el petróleo consideran los reactores como una tecnología más limpia, de más riesgo y mayor costo que las plantas termoeléctricas. Si bien el destino final de los desechos nucleares, la posibilidad accidentes y las grandes cantidades de agua usadas para enfriar el sistema juegan en su contra, muchos expertos consideran que la energía nuclear debe ser parte del mix cuando se busca reducir emisiones y dependencia de los hidrocarburos. Solar, eólica, geotérmica e hidráulica completan el panorama.

¿Necesita Venezuela energía nuclear? Con ríos de cauce abundante, inmensas reservas de gas natural y ubicación tropical, existen mejores alternativas. El país necesita energía, pero sobre todo, necesita una estrategia inteligente. La inversión en la planta rusa puede escalar hasta hacerse inmanejable, elevando el costo de producir electricidad y aumentando los peligros de un accidente por deficiencias en el mantenimiento. El país puede esperar a que se abarate, estandarice y mejore la tecnología, para luego comprarla al mejor proveedor.

Y aquí viene el apretón en el cuello. Las motivaciones ideológicas y los objetivos políticos colocan el anuncio de la planta en una narrativa de enfrentamiento contra los enemigos (reales e imaginarios) de la revolución. En medio de una visita a Bielorrusia (la última dictadura europea) Irán (con sanciones de la ONU) Siria y Libia (que recién abandonó su carrera armamentista atómica), la iniciativa nuclear parece más una provocación que cualquier otra cosa. Los riesgos de que el material nuclear desemboque en armas y no en electricidad son reales. Chávez lo sabe, y le gusta jugar con esa candela.

En resumen, para mis lectores bolivarianos: Venezuela está en su derecho a acceder a la energía nuclear, pero al hacerlo, toma un camino equivocado que desvía el dinero necesario para que sus bombillos enciendan esta noche. Por la revolución, todo. Por su calidad de vida… no tanto.

www.elibravo.com

EL UNIVERSAL

http://opinion.eluniversal.com/2010/10/23/opi_art_revolucion-atomi

 
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