Como si el tiempo se hubiese detenido

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos Lozano
Carlos Lozano
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Recibo a una amiga que recién vuelve a Venezuela, luego de una ausencia de más de 5 años, producto de lo que muchos jóvenes con posibilidad de trasladarse a otros países hacen no necesariamente para buscar la independencia financiera, sino la serenidad de vivir tranquilamente, con seguridad. Es el caso de mi amiga, quien en Venezuela vivió momentos difíciles y angustias por atraco, robo y un familiar muy cercano que fue secuestrado por casi 5 semanas.

Ahora que se reencuentra con su tierra, me llamó poderosamente la atención que al referirse a las cosas como las encontraba en Venezuela, me comentó que “están como si se hubiese detenido el tiempo, y en ese tiempo las cosas no hubieran tenido mantenimiento”.

Nosotros, que vivimos permanentemente en nuestra ciudad, pareciéramos estarnos acostumbrando a padecer entre avenidas colapsadas por las obras inconclusas y paralizadas del metro, por la Avenida Carlos Sanda en medio de un proceso de construcción lento que congestiona y da una triste visión del paseo como entrada principal a El Viñedo. Así como en el caso de las toninas, hace falta que más voces hagan el reclamo, la protesta por la grave situación que atraviesa Valencia como ciudad en cuanto a su estética y, aún más importante, en cuanto a sus servicios, para que la opinión pública no siga sufriendo fracasos, como con las toninas.

Y no sólo en Valencia, pues el domingo pasado en visita a la bahía de Patanemo, padecí la misma experiencia con las vías y con la propia playa que, aunque con más personas que antes para disfrutar un domingo, la bahía no contaba sino con los mismos cocoteros de siempre sólo que ahora más altos, sin estacionamiento, sin refugio de emergencia, sin un desarrollo turístico que provea de albergue, seguridad y respuesta a los visitantes que requieran de este servicio.

En Puerto Cabello también sentí que el tiempo se había detenido y las cosas sufren la falta de mantenimiento. Tal como nuestro astillero DIANCA que, a pesar de ser capaz de generar muchos empleos, contar con la materia primera del acero y de una ubicación altamente estratégica, no disfruta de las mismas ventajas del astillero de Portugal al que sí le entregaron recursos millonarios.

Esos recursos que, como la voluntad de mantenimiento y de avanzar en el tiempo, bien valdría la pena que se quedaran en Venezuela.

 
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