CUANDO EL DESTINO SE IMPONE

JESÚS HERAS –

Cuantas veces nos hemos topado con la misma escena, la de un personaje que, cercado, y sabiéndose perdido, se dice para sus adentros “Me mataran a mí pero me llevo a unos cuantos conmigo.”

Ese parece ser hoy el dilema de Hugo Chávez, nuestro Presidente. También lo fue cuando hace tres años perdió el referéndum constitucional. Sólo que entonces era la Revolución que había soñado, aquella que le otorgaba un poder absoluto sobre el país, la que estaba cercada. Ahora es el Poder mismo el que se le escapa.

Quienes vivimos la historia y conocemos de historias, sabemos que el chavismo pasó a ser minoría cuando en dos ocasiones un pueblo enardecido reunió la firmas necesarias para revocarle al Presidente el mandato. Esa tendencia se confirmó en el referéndum revocatorio de 2004, de cuyo aplastante veredicto lo salvaron quienes por avaricia – y al amparo del ex Presidente norteamericano Jimmy Carter – negociaron con él una salida. Pero esa es otra historia.

Luego sobrevendrían las derrotas de 2007, ya mencionada, y la de 2008, perdiendo en ésta – pese al ingente esfuerzo de quienes cuentan los votos- las principales gobernaciones del país. Pero esta última, la del 26 de septiembre de 2010, fue concluyente.

Tres años antes, tras la derrota sufrida en el referéndum constitucional, el Presidente había optado por salvar la Revolución, su sueño, sacrificando la Constitución misma. Para ello contó con la complicidad de una Asamblea Nacional, conformada – como en toda dictadura- por figuras de cartón, y con un Tribunal Supremo de Justicia, igualmente dócil a sus mandatos.

Hoy, sin embargo, para continuar su enloquecido empeño por copar todos los espacios de poder, sólo dispone de un arma, renunciar a su  legitimidad democrática. Pero convertirse en dictador a secas tendría un elevadísimo costo. Hacia afuera, por cuanto la comunidad internacional está al acecho, y hacia adentro, porque con su popularidad cayendo en picada y los recursos también, muy pocos parecen estar dispuestos a acompañarlo.

También el Presidente luce internacionalmente aislado. Incluso Cuba, al adoptar medidas extremas de austeridad, pudiera estarse preparando para un desenlace fatal.

De allí que, como en la escena de marras, observemos a nuestro Presidente disparando “expropiaciones” a mansalva, en un esfuerzo inútil por “llevarse unos cuantos consigo”, y hacer ver que aún tiene fuerzas para resistir.

En Noviembre de 1998, Henrique Salas Römer, entonces candidato presidencial, le habló al país desde el Ateneo de Caracas. Las encuestas revelaban que sólo dos candidaturas tenían posibilidad de ganar, la suya y la de Hugo Chávez. Allí el candidato señaló algo que al calor de la contienda no se le dio la importancia que tenía.  “Aquel que sea Presidente, sentenció, determinará todo lo que va a ocurrir en Venezuela en los próximos quince años”.

Van doce años y el Presidente luce cercado.  Si débil como está, continúa disparando a mansalva, antes, mucho antes de llegar a los quince, el Poder se le puede escapar.

 
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