Demonio blanco

Carlos Raúl Hernández

Cada quien que practique su cultura sin violentar el derecho a la vida, a la libertad, a la integridad…

Angela Merkel dijo algo que cobra relevancia por las dimensiones políticas de la interlocutora: “la sociedad multicultural fracasó en Alemania”. Lo más grave es que su fracaso es universal. La sociedad democrática, libre, es plural, no multicultural, porque esto último es un malparto político y teórico que pretende llevar el odio social al plano de la cultura, “culturas oprimidas” y “culturas opresoras” en relación antagónica. Matar apedreada una mujer en Irán es simplemente una monstruosidad, pero un profesor bolivariano semialfabeto empañeta que la crítica viene “desde la óptica de una cultura opresora”. Fundamentalistas musulmanes no permiten en sus ámbitos iglesias católicas o sinagogas, religiones del demonio blanco, como sí lo hace la cultura cristiana.

Cassius Clay renunció a su nombre “de esclavo” por uno de los del profeta, y hoy, lejos de semejantes marañas, retoma el que le dio una sociedad libre presidida por un negro, que los black panthers querían destruir. Bin Laden, de quien podría decirse lo que Conrad de un terrorista de su novela de moda, que “no sabía si lo despreciaba más por su monstruosidad o por su banalidad”, quiere asolar Occidente y revivir el Califato. Varios países europeos tuvieron que soportar turbas violentas en 2006 por publicar unas caricaturas de Mahoma. Intelectuales europeos salieron prontamente a justificar la barbarie, siempre lo hacen, como si fuera aceptable que los judíos destruyeran Manhattan porque en una película norteamericana Morgan Freeman representó a Dios, Yavhee el innombrable e irrepresentable.

El pluralismo parte de que las civilizaciones son producto del cruce y la convivencia de culturas. Entre los más grandes escritores en lengua española están Vallejo y Neruda, latinoamericanos, y entre los más grandes de la lengua inglesa Whitman y Melville, norteamericanos. Las más extraordinarias expresiones musicales populares, el rock, el jazz, el blues, la salsa, el bolero, el reggae, el reggaetón, son expresiones híbridas.

Se puede discutir como en Francia, que las niñas vayan a la escuela pública con velos, pero sólo desde el punto de vista de los efectos en ellas y no desde el “multiculturalismo”. Quieren pegar a las mujeres, matarlas, imponerles matrimonios o castrarlas, porque “es su cultura”. El pluralismo acepta cualquier diferencia de costumbres, tradición o religión, sólo hasta el punto en que se violan los derechos humanos. Ahí termina toda tolerancia o posibilidad de diálogo. Cada quien que practique su cultura sin violentar el derecho a la vida, a la libertad, a la integridad personal, a la inviolabilidad del individuo o de su morada. En eso consiste el pluralismo y estriba la perversidad intrínseca del llamado multiculturalismo.

@carlosraulher

El Universal

 
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