Incrédulos ante el cambio

Eli Bravo

Eli Bravo

Hay un abismo entre ser Oposición y Gobierno. Tras dos años de su espectacular victoria Barack Obama camina sobre el vacío y las expectativas que despertó parecen tocar fondo. “La campaña se hace con poesía y el Gobierno en prosa” ha reconocido Obama citando al novelista Mario Cuomo, o de manera más directa, cuando respondió al comediante Jon Stewart sobre si cambiaría su slogan electoral y dijo “mantendría el change you can believe… pero ese cambio toma tiempo”

Cada dos años Washington se convierte en una pera de boxeo y la frustración del electorado hacia la Casa Blanca y el Congreso es un peso pesado. Con casi 10% de desempleo, Obama está contra las sogas y su musculatura política luce débil. La derecha lo acusa de hacer horrores, la izquierda de hacer muy poco y el centro no encuentra asideros. Hay quienes piensan que Obama no buscará la reelección, pero aún faltan dos años y si la economía repunta, como pareciera hacerlo, posiblemente logre un segundo aire. Claro, primero tiene que sobrevivir este round.

Si algo ha aprendido el Presidente, como señala el periodista Peter Baker, es que a pesar de toda la retórica anti-Washington de su campaña, Obama debe jugar bajo las reglas de Washington si desea ganar Washington. A estas alturas no solo ha perdido escaños en Capitol Hill, sino que también perdió su base. Retratar a Obama en un laberinto es sencillo pero la imagen resulta incompleta: oculta el juego de ilusiones que fascina al electorado y el afán por una gratificación inmediata. Promesas en grande y resultados al instante.

Transformar el sistema suena muy bien en el discurso pero es irreal en la práctica. Sobre todo en una democracia compleja y en crisis económica e institucional como la de EEUU. Obama y su equipo lo entienden mejor ahora, y si alguna lección queda de las elecciones, es que son actores en el complejo teatro de Washington y están obligados a comunicar su guión de manera más efectiva. El gran candidato no ha resultado ser el Presidente con el mensaje correcto, y mientras tanto, los ciudadanos siguen buscando a alguien con soluciones inmediatas, casi mágicas.

Y aquí el caveat: la anti-política y el clamor por un iluminado son caldo de cultivo para el surgimiento de líderes carismáticos y riesgosos, del tipo Sarah Palin o Hugo Chávez. Y esto no solo cambiaría Washington. Podría terminar de hundirlo.

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http://www.eluniversal.com/2010/10/30/opi_art_incredulos-ante-el-c_2083608.shtml

 
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