Las fuerzas contrarias

Carlos Ochoa


Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com

Los seres humanos tenemos que dotarnos de conocimientos,  desarrollar la capacidad de interpretarlos y crear la oportunidad de aplicarlos, para solucionar los problemas que a lo largo de la vida tenemos que enfrentar individual y colectivamente. Para ello tenemos que poner en práctica la trascendencia de las llamadas F.C. o fuerzas contrarias.

Usted amigo lector, al igual que quien esto escribe, no podemos sustraernos del campo de las fuerzas contrarias. Como se dice popularmente,  no somos monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, igualmente nadie puede sustraerse de la política, pues quiera o no quiera está inmerso en ella. Tampoco podemos sustraernos de la economía, de lo legal,  y en general de todo lo que atañe a la vida colectiva.

Puede que algunos digan que no son activistas políticos, es una opción, pero nadie razonablemente cuerdo puede   evitar ser parte de la política. En un futuro, los que se declaran apolíticos  que tienen hijos, o los que no los tienen todavía pero van a tenerlos, de pronto pueden encontrarse en un país con una situación de conflicto, y pudieran exclamar con temor: “Me llevan a mis hijos a la guerra”. La política los alcanzó a pesar de que estaban seguros que no eran políticos.

Cuantas  veces nos hemos dicho que no tenemos enemigos, o como dijo  el Presidente Santos recientemente que no reconocemos enemigos. El caso es que las F.C. no dependen de nuestro ánimo y generosidad, dependen de las circunstancias, como las definió el filósofo Ortega y Gasset. Las fuerzas contrarias o enemigas pueden ser: gratuitas, declaradas, no declaradas, ocultas, visibles, invisibles, imprevistas, etc.

Las fuerzas contrarias que  intentan  destruirnos como sociedad, se encuentran con una decisiva resistencia a todos los niveles incluidos el simbólico. Un ejemplo de ello es la jornada de defensa de las toninas del Acuario de Valencia. El Alcalde Parra como se ha dicho antes, podrá vencer enviando los preciados animales a Corea, pero a nadie convencerá. La moribunda Asamblea Nacional podrá nombrar los jueces del TSJ a conveniencia del régimen, pero no convencerá. Esa es la tragedia inevitable de los que hoy disponen a su antojo del poder en Venezuela, ya no convencen, pues son una fuerza contraria a la lógica del bienestar y las libertades políticas del estado moderno.

Pero no debemos olvidar los sectores democráticos del cambio, que las fuerzas contrarias también juegan y pueden meter carreras sucias, pero carreras al fin, por eso es bueno recordar en este momento de optimismo político, a un pensador inolvidable del baseball, que sentenció con lucidez que: “It ain’t over til it’s over” que traducido en buen castellano dice: “esto no se acaba sino cuando termina”.

 
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