AVIONES Y DÓLARES

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA

MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

El año 1978 fue decisivo en la lucha contra la dictadura de Somoza en Nicaragua. Dos hechos precipitaron el desenlace. El 10 de enero es asesinado Pedro Joaquín Chamorro, director del diario “La Prensa”, el vocero que aglutinaba las opiniones opositoras. Luchador incansable y miembro de una de las familias tradicionales del país, Chamorro figuraba como una carta de “recambio” para la transición democrática.

El 22 de agosto un comando del Frente Sandinista de Liberación Nacional asaltó el Palacio Nacional de Managua. Veinticinco combatientes dirigidos por Edén Pastora (“Comandante Cero”), Dora María Téllez y Hugo Torres sometieron a los legisladores. Somoza se vio obligado a poner en libertad a 50 prisioneros sandinistas, pagar medio millón de dólares a los rebeldes y publicar los manifiestos de la guerrilla, luego de la mediación del arzobispo Obando y Bravo.

El dictador nunca dejó de prestar atención a la frontera con Costa Rica. No sólo era el escenario de recurrentes reclamos territoriales sino un paso privilegiado para las insurgencias revolucionarias después que en 1949 José Figueres disolvió el ejército costarricense. Grupos de desterrados permanecían en San José y activaban los planes de resistencia. En el hotel Balmoral la prensa extranjera apostaba al final de una sangrienta y larga película. Carlos Andrés Pérez y Omar Torrijos, solidarios con los luchadores democráticos, presionaban en la OEA para poner término a la crisis. Fidel Castro (en territorio cubano se entrenaban los comandantes sandinistas), tampoco era ajeno a la jugada final.

Somoza decidió incursionar en la frontera para “internacionalizar” el conflicto, y abrir espacio a una negociación que condujera a una “zona neutral”, y posponer de esta manera un inminente levantamiento armado en el centro del país. El 12 de septiembre su aviación atacó a un grupo de estudiantes con saldo de heridos graves, en el comienzo de nuevos y cada vez más fuertes agresiones en territorio vecino. El presidente costarricense Rodrigo Carazo explicaba: “no podíamos en ninguna forma contestar de manera similar porque no teníamos los recursos ni tampoco la vocación bélica”. La situación, sin embargo, tendía a complicarse.

Un día el presidente Carazo llamó al embajador venezolano Rolando Grooscors y le manifestó: “dígale al presidente Pérez que necesito me alquile tres aviones de combate con sus respectivas tripulaciones”. El diplomático viajó a Caracas, transmitió el mensaje de Carazo a  Pérez y éste sin vacilar le respondió: “dígale al presidente Carazo que están a la orden los aviones. Que mañana salen y si requiere la Marina, también se la envío. Ahora mismo me reúno con el Estado Mayor. Dos generales saldrán mañana por una línea comercial de aviación para que permanezcan en Costa Rica todo el tiempo que sea necesario. Son dos generales de alta graduación”.

Al día siguiente tres bombarderos y tres cazas de guerra aterrizaban en el aeropuerto  “Juan Santamaría” de San José. En vuelos comerciales arribaban también los generales Aníbal Terán Briceño y Balbino Colmenares del ejército y la aviación, con el propósito de observar la situación y mantenerse en contacto con las autoridades venezolanas en caso de una ayuda mayor.

Torrijos declaró sus fuerzas en alerta y se hizo solidario con la decisión venezolana. Terán Briceño y Colmenares se reunieron con el alto gobierno, con el ex presidente Figueres y en una oportunidad con el propio “Comandante Cero” para trazar planes de bombardeos de los cuarteles somocistas.  A los días, a bordo del Grumman presidencial llegó el canciller Simón Alberto Consalvi, quien horas después suscribía con su colega Bernd Niehaus, un Convenio de Asistencia Mutua, que llevó tranquilidad a la población y funcionó como un mensaje disuasivo.

Pero Somoza contaba todavía con otro recurso de presión. Su familia controlaba el comercio y la industria nicaragüense  y por las relaciones de intercambio los empresarios costarricenses tenían una cuantiosa deuda con estos sectores. Las casas acreedoras pidieron a  los deudores la cancelación de los saldos pendientes.  Una vez que las deudas se cancelaban, la moneda nacional se cambiaba en la bolsa o el mercado libre en dólares para las remesas.  En esa forma se creaba un problema de divisas a corto tiempo y en vísperas del mes de diciembre, época que demanda de muchos dólares para las importaciones. Carazo habló de nuevo con Grooscors y éste le propuso a Pérez un préstamo por tres meses; ya que en enero ingresarían dólares por la venta de café al exterior. El Fondo de Inversiones de Venezuela depositó 50 millones de dólares en el Banco Central de Costa Rica por 90 días, con lo cual se  desbarató la nueva maniobra.

32 años después…

Por estos días se informa que José Miguel Insulza, secretario general de la OEA , media en una reclamación de Costa Rica a Nicaragua por un litigio territorial que no tiene las connotaciones conflictivas de hace 32 años. En Caracas, la periodista Mirtha Rivero recrea en el libro “La rebelión de los náufragos”, el derrocamiento pacífico y constitucional de Carlos Andrés Pérez el 21 de mayo de 1993. Pérez dejó el poder acusado de malversar 250 millones de bolívares de la partida secreta para ayudar en las elecciones presidenciales de febrero de 1990 al reestablecimiento de la democracia después de 10 años de revolución sandinista. La beneficiaria de la operación fue Violeta de Chamorro, la viuda de Pedro Joaquín, cuyo asesinato avivó en su momento las llamas de la insurrección contra Somoza.

La historia también se muerde la cola.

 
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