La oposición armada

Áxel Capriles M.


Áxel Capriles M.
acaprile@ucab.edu.ve

He visto a sindicalistas, estudiantes y otros manifestantes, defendiéndose de haber sido acusados de perseguir fines políticos, como si eso fuera un crimen, en lugar de responder con orgullo que sí

No hay peor derrota que la derrota moral, dejarse manipular por la culpa, aceptar responsabilidades ajenas, caer en el juego del otro. Esa ha sido la gran habilidad de la revolución bolivariana, haber debilitado a la sociedad democrática con una carga moral de la cual los socialistas dicen estar libres. Es un triunfo esencialmente retórico, haberse proclamado defensores de los excluidos.

Una y otra vez hemos escuchado al Presidente vociferar que su “revolución es pacífica pero está armada”, amenazar con la destrucción y el caos si llegara a salir de su cargo. En el programa Aló Presidente del domingo 31 de octubre advirtió que de perder las elecciones del año 2012 “en Venezuela vendría una revolución violenta” y habría un alzamiento militar. Es decir, en ese caso, la suya sería una oposición armada. Si fuera la nuestra, sería un delito.

El Presidente ha condenado repetidamente a la oposición de golpista (¿no es el 4 de febrero una fecha patria?), de instigar a la violencia y de querer de desestabilizar el país. Nada nuevo para extrañarnos. Pero lo que sí debe alarmarnos es que, por más repetitiva, estereotipada y descabellada que sea la acusación, de inmediato vemos a los líderes de la oposición defendiéndose como si fuera una enfermedad maligna, jurando estar libres de tan horrible pecado y llamando a sus seguidores al martirio pacífico de defenderse acudiendo a las instituciones democráticas maniatadas. Peor aún, he visto a sindicalistas, estudiantes y otros manifestantes, defendiéndose de haber sido acusados de perseguir fines políticos, como si eso fuera un crimen, en lugar de responder con orgullo que sí.

Haberse ido apropiando uno a uno de todos los activos del país, haber sembrado instituciones paralelas para generar caos y reinar sobre él, han sido jugadas maestras. Nadie reaccionó. Le tocó al sector de alimentos, al acero, ahora a las constructoras. ¿No será tiempo de aceptar los consejos del Presidente y organizar la oposición que él predica?

@EL UNIVERSAL

 
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