La política del disimulo *

Nelson Acosta

La política es así
Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com

José Ignacio Cabrujas  llamó “estado de disimulo” al agotado marco institucional sobre el cual descansaba el Estado venezolano. Entendía esta circunstancia como una suerte de mascarada institucional para ocultar nuestras carencias. Amparada en la misma, el Estado se saltaba la responsabilidad de proporcionar respuestas apropiadas a estas insuficiencias.

La simulación llegó a su tono más alto a finales de la década de los ochenta y cristalizó en el juicio montado al entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Los “simuladores” no pudieron comprender que, en el fondo, estaban resquebrajando, ellos mismos, las instituciones democráticas del país. Su resultado es conocido. Proporcionó piso a la llamada V República y desbrozó el camino para el tránsito hacia el llamado socialismo del siglo XXI.

Reflexionar sobre aquellos acontecimientos es tarea de urgencia. No se deben repetir apreciaciones erróneas. Es posible por ejemplo formular diversas interrogantes. ¿Por qué electoralmente el bloque opositor no ha podido vencer con satisfacción al oficialismo? ¿Difiere su propuesta radicalmente de la representada por el gobierno? ¿Se conoce su proyecto de país? ¿Y, de conocerse, es acaso compartido por la totalidad de sus componentes?

Me parece que detrás de la dificultad para construir una nueva mayoría subyace, entre otros, la rémora de un pasado que aún pesa sobre gran parte de los actores políticos. Un número significativo aún se encuentra sumergido en la política del disimulo.

En otras palabras, el problema no consiste exclusivamente en derrotar electoralmente a Chávez. Es indispensable desplazar las ideas que han sustentado su acción. Propuestas que, en lo sustantivo, hasta hace poco eran compartidas por la mayoría de los actores políticos que hacen oposición.

Recordemos que uno de los factores que alimentó la crisis política de finales de los ochenta fue el carácter neoliberal del “Gran Viraje”. Ese programa no fue comprendido por los principales actores políticos. Una cultura anclada en el populismo y matizado por la comodidad petrolera se alzó como barrera que no pudo ser franqueada.

El tacticismo populista aún pesa. Quizás sea esta circunstancia la que impida a la población percibir a la oposición como una opción sustantivamente distinta a la que prevaleció en la IV República o a la que se encuentra hoy en pleno ejercicio del Poder.

De no ser derrotada, la política del disimulo puede conducirnos a una nueva frustración histórica.

*texto resumido.


 
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