OBAMA ES UN PELIGRO *

Alberto Barrera Tyszka


Alberto Barrera Tyszka
abarrera60@gmail.com

“Obama no renuncia ni a sus principios ni a sus luchas. Y lo dice. Pero igualmente entiende que, a partir de ahora, ninguno de los dos partidos puede dictar solo, de manera aislada, el camino a seguir. (…) esto de ver a un presidente asumiendo el fracaso electoral puede ser algo tan desconcertante como subversivo.”

Quizás ya algún alto funcionario ha pensado que hay que denunciar que la Mesa de la Unidad está financiando a Barack Obama. Así es esa gente. Se pagan y se dan el vuelto. Un día yo te financio a ti, otro día tú me financias a mí. Pregúntenle a Eva Golinger. Seguro que ella ya tiene un documentico desclasificado donde aparece claramente, hasta con foto y todo, Ramón Guillermo Aveledo pichándole por debajo de cuerdas unos dólares a Barack Obama. De verdad. Se los digo con el corazón en la mano. El terrorismo es muy promiscuo.

A veces ocurre así. Donde uno menos lo espera, de pronto salta un ejemplo muy inoportuno. Eso ocurrió esta semana con las elecciones legislativas en Estados Unidos.

Algo que podría haber pasado sin mayor estridencia junto a nosotros se ha convertido de repente en una caja llena de dudas y preguntas.

No deja de ser paradójico que, justo ahora, cuando hay un derroche de evidencias para que el planeta entero enjuicie a George W. Bush por su guerra particular en Irak, el Partido Republicano se alce con un triunfo electoral en Estados Unidos. El mundo es raro, complejo, confuso. No siempre ocurre lo que queremos. Los países no tienen una dirección predeterminada. La historia no tiene una lógica especial, no tiene destino.

Las expectativas generadas por el Partido Demócrata, su promesa de cambios, ha tropezado de pronto con el tiempo. Después de dos años, los votantes norteamericanos no están satisfechos. Con un impulso conservador, que no deja además de nutrirse con lo peor del racismo de cierto sector de esa sociedad, el mapa político de Estados Unidos ahora ha cambiado.

Sin embargo, al menos para nosotros, lo más paradójico de todo el episodio es sin duda la reacción del Presidente norteamericano después de saberse los resultados electorales. Barack Obama, sin proponérselo, nos ofrece un espejo implacable. Es imposible no hacer el paralelismo, no sucumbir ante el juego de las comparaciones. Esto de ver y oír a un presidente reconociendo que “la gente está frustrada” y asumiendo el fracaso electoral puede ser algo tan desconcertante como subversivo. ¿Por qué no manda para el carajo a sus opositores? ¿Por qué no se lanza una cadena de seis horas y le dice a todo el país que ni de vaina, que ni en cien años, que los republicanos “no volverán”? No. Todo lo contrario. Obama está pasado de antibolivariano: pierde y reconoce la derrota. Asume sus errores y plantea el futuro en otros términos. Aunque no le guste.

Aunque le cueste. Pero sabe y entiende que está obligado a negociar. “Si los republicanos ­ afirmó Obama en rueda de prensa, al hacer un balance de las elecciones­ tienen buenas ideas para generar empleo, ideas sobre cómo bajar el paro, y creemos que son buenas propuestas, las escucharemos… No queremos dejar de escuchar ideas porque vengan de un partido o de otro”. Es una lectura de la realidad bastante distinta de la que tenemos en casa.

Obama entiende que ése es justamente el mandato popular: que se relacione con el otro, que lo respete, que se siente a negociar con su contrario.

Es un relato que puede ser perturbador. Las elecciones no son un mero formalismo.

Son un acto de poder y tienen consecuencias que afectan el poder. Que lo cambian. Que lo transforman.

Que lo socializan. Obama no renuncia ni a sus principios ni a sus luchas. Y lo dice. Pero igualmente entiende que, a partir de ahora, ninguno de los dos partidos puede dictar solo, de manera aislada, el camino a seguir. Sus palabras son un trueno para la inflada retórica de aquellos que se creen iluminados por la verdad de la patria: “Ningún partido ­dice Obama­ tiene el monopolio de la sabiduría”.

La democracia, cualquier tipo de democracia, se basa en la posibilidad de que el otro, cualquier tipo de otro, también pueda acceder y ejercer el poder. Negar esa posibilidad es ya una forma de violencia, una forma de autoritarismo y de tiranía.

Quizás, esta semana, después de ver el resultado de las elecciones parlamentarias en Estados Unidos, a algún diputado se le haya ocurrido la idea de proponer una nueva ley en contra de la subversión involuntaria. Se trataría de un novedoso procedimiento regulador, capaz de controlar los mensajes que, incluso sin una clara intención desestabilizadora, pudieran contagiarnos con algún tipo de contenido inadecuado. Tal vez, también, después de ver las noticias internacionales, algún aguerrido comité de usuarios esté pensando dirigirse a Conatel para exigir, de manera tajante, que se prohíba la transmisión de ese personaje llamado Barack Obama en la televisión de nuestro país.

A veces, donde uno menos lo espera, de pronto aparece un peligro.

@ELNACIONAL


* TITULO ORIGINAL: Un Peligro

 
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