¿Venezuela es un sándwich?

Alexander Cambero
alexandercambero@hotmail.com
twitter: @alecambero

Los dientes revolucionarios vienen devorando al futuro de la nación. Las reservas construidas por cerebros emprendedores, surgidos bajo el vigor del ejercicio democrático, reciben el cruel mordisco de aquellos que sostienen que ellos son los paradigmas del nuevo orden nacional. Una especie de élite dorada capaz de transformar los estómagos vacíos en contenedores podridos, en donde los gusanos son los actores principales de la comedia estelar del chavismo en su hora menguada.

Con la marca de la traición a la patria, avanzan entregando nuestros recursos a sus muy connotados amigos. Por Miraflores suelen desfilar una serie de tenebrosos personajes que buscan su abundante ración de país. Los cuatro costados de la nación reciben la celada hiriente de aquellos que se aprovechan de los sueños infantiles de Hugo Chávez. Con sólo aplaudir sus excentricidades y deseo de perpetuarse en las páginas de la historia, saben que obtendrán grandes ganancias para sus repúblicas.

Sus múltiples viajes llevan como agenda los negocios más inverosímiles. Desde querer montar una base espacial en las sabanas de Apure, hasta construir un gigantesco oleoducto desde Venezuela hasta Argentina; sin olvidar la promesa de hacer de La Carlota un inmenso parque acuático en donde los caraqueños, y los venezolanos en general, disfrutarían de un paraíso en la tierra. Que junto con la total recuperación del Guaire harían de la capital el epicentro turístico de América. Para ello, contaba con sus aliados financieros internacionales.

Son más de ochocientos acuerdos firmados con gobiernos extranjeros en donde el gran perdedor es Venezuela. Grandes sumas de dinero esfumadas por la falta de planificación y pericia en la relación internacional. Mucho de nuestro futuro hipotecado en convenios ilusorios, en donde existen rasgos preponderantes de problemas de conducta, que coherencia para conducir los asuntos de la nación. En cada viaje de Hugo Chávez, un inmenso grupo de turistas disfrazados de funcionarios. Desde nietos hasta la muchacha que prepara los teteros. Todos sus amigotes con abundantes dólares y pasaporte diplomático. Si algo les gusta lo compran por cantidades industriales. Arrasan hasta con las toallas en los hoteles cinco estrellas, se creen príncipes tropicales con la facultad de hacer grandes festejos con el dinero de todos los venezolanos. A las exequias del ex presidente argentino Néstor Kirchner, acudió con tres aviones y ciento cincuenta curiosos, todo para tratar de montar su show de lagrimitas de cocodrilo. Llegaron a hoteles en donde alquilaron cuatro pisos. ¿De dónde salen los gastos del viaje?

¿Será que nos confunden con un sándwich? Que todas nuestras inmensas potencialidades económicas, son como un inmenso jamón serrano al cual tienen que devorar con la velocidad que imprimen los dientes, acostumbrados a transformar pastas y caraotas en bolo alimenticio. Sin olvidar que el petróleo nacional les sirve como una especie de buen “vinito blanco con burbujitas”, como lo solicitó en forma airada, una ministra de este gobierno en el hotel Ritz de París.

Están sacrificando el futuro. Sus ambiciones van más allá de la lógica humana. Responden al desequilibrio emocional de un hombre que se cree con el derecho de asaltar la vida de millones, con sus desventuras de héroe de caballería. Un caballero con las armaduras oxidadas por su falta de arrojo para pelear en las verdaderas batallas. Aquélla que nos libre del hambre, la inseguridad y la falta de empleos.

Al paso que vamos, Venezuela quedará en los jugos gástricos de estos truhanes de la mentira.

@ELUNIVERSAL

 
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